Orlando López-Selva
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Cuando Bashar Al-Assad reprimía (¡y aún lo sigue haciendo!) a los ciudadanos que salían a protestar a las calles de las ciudades sirias más importantes, o lanza gases contra la población civil, ningún izquierdista justiciero dijo nada. Sin ser provocado, Kim Jon-un ha estado lanzando cohetes al mar para intentar intimidar a los japoneses; tampoco se alzaron voces neo-socialistas. En Venezuela, la población entera sufre por el desabastecimiento, la pobreza y la represión del Gobierno; y nadie de los socialistas siglo veintiunescos se pronuncia siquiera para sugerir que el presidente Maduro corrija el rumbo o administre bien el país. ¡Mucho menos, para sugerir que les dé espacio a sus opositores!

Pero si Estados Unidos envía un portaaviones a la península de Corea; o lanza cohetes contra el régimen sirio; si el secretario de estado, Tillerson dice que el presidente Maduro debe dialogar y no reprimir a los opositores, entonces la izquierda despotrica furibunda contra los “imperialistas yanquis, que ponen en peligro la paz mundial”. 

Para ellos, el mundo es un escenario maniqueo, donde por un lado están ellos: “los buenos”, anhelando liberarse de la opresión capitalista; y, por otro lado, están “los malos”: explotadores, que solo desgracias y tragedias causan a la humanidad.

Ellos mismos se llaman “revolucionarios”. Pero solo han sido cómplices intelectuales de dictaduras opresoras. Ha habido intentos para acabar con todas las instituciones occidentales “que están viciadas, pervertidas, y son como cadenas que oprimen al hombre”. 

José Stalin purgó y mandó al paredón a cientos de miles de nacionalistas de todas las repúblicas que conformaban la gran Unión Soviética. ¿Recuerdan que fue su mismo sucesor, el líder Nikita Kruschev, quien denunció todos los genocidios realizados por Stalin?

¿Ese modelo era y sigue siendo la gran esperanza para la humanidad?

Cuando en 1949, Mao Tze-tung asumió el poder en China y expulsó a los nacionalistas, se inició la “gran revolución cultural”. Esta consistía en quemar o destruir todo libro, herramienta o artefacto occidental que hubiera en China. Millones de chinos fueron desplazados al campo para trabajar la tierra; (¡miles murieron de hambre!). Vivir en los centros urbanos, representaba un modo burgués, que les rememoraba las costumbres occidentales.

Cosa parecida, pero más criminal, hizo el régimen de Pol Pot en Camboya; asesinó impunemente a 3 millones de camboyanos. En Nom Pen está el Museo de la infamia y el genocidio que conserva los registros y las calaveras de todos los asesinados por este líder comunista que obligó a toda la población de su país a irse al campo “para desechar cualquier intento de preservar el legado urbano de clase media o que recordara los odioso e inmorales valores occidentales”.

En la Cuba de los hermanos Castro -“un par de hombres revolucionarios, entregados a la justicia social y al bienestar de su pueblo”-, han gobernado por 58 años ese país, sin permitir libertad alguna. 

¿Cuba es un país próspero o pobrísimo?

Si un país así se asemeja a una gran cárcel, ¿cómo puede ser alternativa confiable, buena? 

Según la doctrina de “la democracia popular” (¡que a todos los hombres hace iguales y pretende devolverles su dignidad y derechos, arrebatados por los explotadores!), nadie tiene derecho a sustituir a los Castro, a hacer huelga, a disentir del partido comunista, (¡la vanguardia e inteligencia suprema del pueblo!), a pensar distinto, a viajar más allá de su pueblo sin tener permiso de las autoridades socialistas, a asociarse para hacer oposición, etc.

¿Y esos modelos son la solución para los excluidos del mundo?

¿Qué les espera a los que se rebelan a los opresores  revolucionarios?

Los revolucionarios argumentan: ¿Para qué hacer elecciones pluripartidistas, si todos viven bien?... ¡Como prisioneros, como esclavos, haciendo fila para conseguir un mendrugo de pan, sin futuro!

En los medios opresivos solo se permite la “verdad oficialista”. Nunca dan espacio a los opositores. 

Si los revolucionarios o neo-socialistas, se jactan de defender   la justicia, y tienen esto como modelo, comparativamente (¡qué maravillosa es la democracia, a pesar de sus fallas y debilidades!). Porque lleva a las naciones al progreso; reconoce las libertades individuales; permite la disensión; no oprime a los que piensan distinto, dándoles oportunidades para ser lo que quieran ser.

Dos evidencias irrefutables: 1) en la democracia, la izquierda florece, lucha, gana el poder, no así los demócratas en las dictaduras izquierdistas; 2) los que huyen, por cualquier razón, nunca buscan países dictatoriales.   

¿De qué ideología son los dictadores modernos de Latinoamérica? ¿Quiénes ven el mundo en términos de buenos y malos?