Jorge Eduardo Arellano
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No sólo Nicaragua vive de los impuestos y la cooperación, sino muchos otros países del mundo, otros más pobres, otros más ricos; y muchos otros no necesitan de la cooperación sino que son autosuficientes y viven de sus actividades económicas en general.

Lo que cualquier país del mundo tiene en común es que percibe impuestos –de forma directa e indirecta- de la clase trabajadora, entre otros, laborando para el sector público o privado. Siendo además que la remuneración por el trabajo es el sustento natural – digamos- del trabajador para su libre voluntad. Digamos que los impuestos, administrados por el Estado, es lo que por obligación los trabajadores pagamos y de ahí, según la política de presupuesto, el Estado decide qué hacer con ellos, cuál será su destino.

Los países que dentro de sus políticas pueden y contemplan Ayuda y Cooperación Exterior, sea cual fuere el mecanismo, son entonces naciones que envían a otras el dinero recaudado en forma de impuestos, incluidos los pagados por la clase trabajadora. Siendo que el trabajador valora mucho su trabajo, aunque a veces solo el dinero obtenido, como sea, los impuestos son parte de ese valor dado al esfuerzo y empeño de él.

Sean chinos, iraníes, taiwaneses, venezolanos, estadounidenses, sin temor a equivocarme, el mecanismo de recaudación impositiva es diverso, pero siempre es de gran valor el esfuerzo del trabajo, y los impuestos son parte de ello, reitero. Entonces los Estados, cualquiera, deberían estar en la obligación de administrar lo más plausiblemente posible este dinero de gran valor, que forma parte de su riqueza material.

Si bien es cierto en muchos países, incluyendo indiscutiblemente el nuestro, la administración eraria no es “tan así de ideal” que digamos, eso no significa que la obligación deja de ser e inclusive, se vuelve más imperante y necesario el buen uso del dinero aportado por todos los recaudados, incluyendo la valiosa clase trabajadora, que es al final el motor del mundo.

Considerando:
1. Sólo por el simple hecho que el dinero que destina una Nación Soberana en concepto de apoyo, ayuda, cooperación (…) es inyectado a ésta en parte y por parte de los trabajadores con sus impuestos.

2. Refiriendo además que el trabajo es una de las cosas más valiosas que mantiene hogares, que permite la alimentación, estudios, “lo material”, etcétera
3. Que en Nicaragua hay una clase trabajadora que arduamente labora para comer y a la vez paga sus obligaciones fiscales, y –teóricamente- le importa hacia dónde van sus impuestos, como lo hacen las demás personas de otros países, máxime de los aportantes.

4. Que hay más naciones necesitadas que aportantes
Entonces “es de suma importancia que las naciones le den el merecido valor que tiene al dinero que administran, por lo que deben saber hacia dónde va y cómo lo administrarán los destinatarios”. Es totalmente comprensible que estas naciones soberanas que cooperan para el desarrollo de otras no quieran desperdiciar su dinero en aquellos países que no están interesados ni en administrar bien el propio, el que en parte aporta su clase trabajadora.

Las señales más obvias de que un país está “en marcha” es el cumplimiento de las leyes, entonces, sea para presionar o no, como soberana que es toda nación, están en la decisión de ayudar a otros más necesitados, que dicho reiteradamente: ¡Los hay de sobra!; y que probablemente sí están interesados en un desarrollo social conjunto, no sectorizado por un partido en particular.

Es tan valioso el trabajo y el dinero que de éste se percibe, y también los impuestos que se pagan de él, y es por ello de suma importancia saber a quién se le da, cuáles han sido los resultados, si se está administrando bien en un buen entorno, donde los resultados sí le importen al gobierno cooperado.

Por consideración a todos los trabajadores del mundo debemos reflexionar si es “Injerencia” o “Buena Administración” el hecho de que nuestras naciones amigas se vayan, nos abandonen. Es dinero santo, no mafioso, obtenido por el sudor de ricos, de pobres, de los países ricos que también tienen gente pobre y que con su trabajo del día a día, ayudan a que países como el nuestro sean mejores. Habría que reflexionar si hacerlo en un país donde si bien es cierto la población es la más afectada, sus líderes elegidos por esta población no quieren hacer bien las cosas.

Debemos reflexionar si están o no en su derecho de cooperar con otros países que valorarían mejor ese valioso esfuerzo, ese magro sudor que con tanto empeño se ganan y nos brindan, sean quienes fueren. Con otros países que no consideren “injerencia, migajas, o moscas en la inmundicia” todo este aporte que todos sabemos lo tanto que cuesta, y seguramente tanto los cooperantes como los apoyados, trabajadores del mundo, quisiéramos fuese sembrado en tierra fértil.