Lesli Nicaragua
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Este viernes murió en Madrid, a los 76 años, Miguel Ángel Bastenier, uno de los mayores referentes del periodismo en español, experto en política, maestro de centenares de comunicólogos, editor de internacionales y exsubdirector del diario El País.

Como todo gran periodista, no estudió periodismo, sino Historia, Derecho y Lengua Inglesa, en una consciente carrera de reversa hacia la médula del oficio, porque, ¿qué es el periodismo sino la suma, en pequeñas proporciones, de todas las ciencias? Aunque por las impertinencias de la técnica y las exigencias del grado, también se graduó en la antigua Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. No obstante, defendió hasta su deceso, producto de un cáncer de riñón, que donde se aprendía de mejor manera era en la redacción de un periódico.

Sin embargo, lo más importante de Bastenier son su docencia, primero en la Escuela de Periodismo de El País-UAM (Universidad Autónoma de Madrid) y luego en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) que fundó García Márquez para actualizar y dar un nuevo matiz al periodismo americano; y los dos sendos textos sobre la técnica escritural uno y los problemas que enfrenta el periodismo el otro, resultado, ¡cómo no!, de su experiencia como docente y de su experticia de casi cuatro décadas ejerciendo la profesión.

En “El blanco móvil” Bastenier, con una pericia que únicamente brinda la pragmática, más que la pedagogía, nos hace un recorrido por los géneros, desde el llamado seco o meramente informativo, aséptico en sus concepciones, pasando por el análisis, que denomina crónica sin las vértebras de la narración, para terminar con el género de género: el reportaje, con todos sus fuelles, pliegues y repliegues. Quienes estudiamos el comunicación, a finales del siglo XX, recibimos con mucho entusiasmo el siglo XXI con este texto, el que luego de leerlo y releerlo, obsequiaba uno al mejor de mis alumnos de periodismo en el curso de narrativa que les impartía.

Familiarizado con internacionales, sobre todo en el ámbito árabe-israelí y América Latina, se convirtió pronto en una voz autorizada sobre estas geografías, a tal punto que dedicó dos libros de análisis al conflicto israelo-palestino. Pero el que dirigió a Latinoamérica lo centró en el ejercicio del periodismo en estos lugares: “¿Cómo se escribe un periódico?”. La obra es una radiografía, un rito, paso a paso, que deja al desnudo la prensa de este lado del mar.

En su amplio desarrollo propone su teoría del chip colonial, que resume en cuatro apartados: la complicación, ejemplificado en el uso común y la enseñanza del lead retardado o adornado; el círculo vicioso de la política como tópica reiterativa de los diarios; el ombliguismo internacional o carencia de periódicos de rango mundial y la declaracionitis, enfermedad terminal que consiste en inflar las noticias de declaraciones, en un afán facilista y buscando siempre la oficialidad de la información, por el que critica a los editores cultivar esto, pero sin poder mandarlos a la m… como bien le sugirió García Márquez a Boris Muñoz en aquella excelente crónica de su encuentro con el maestro, porque igual, decía Gabo, la mayoría de culpa de lo que se escribe la tiene el editor, que debe exigir más.

Por eso, finaliza su texto con 20 condiciones para ser un buen periodista, que nos recuerdan a las “Veinte lecciones de periodismo” de Núñez Ladevéze, porque ambos saben los secretos de la tribu. La número uno, dice, es la fidelidad al buen uso del español. Y es que era tanto su afán por ver un nuevo periodismo que su último tuit, este 26 de abril dice así: “Plagas periodísticas: declaracionitis, politización, oficialismo y desconexión mundial”, porque “la única manera que tiene el periodista de hacer un mundo mejor es haciendo un periodismo mejor”.

*Periodista y escritor
Leslinicaragua@yahoo.com