Juan Manuel Sánchez Ramírez
  • Managua, Nicaragua |
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El primero de mayo de cada año es una fecha significativa en la que la mayoría de las organizaciones de los trabajadores se suman a celebraciones públicas por sus luchas laborales y para reivindicar nuevos derechos. Pasados 131 años desde que la consigna de los trabajadores fue “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”, la pregunta es ¿qué se debe reivindicar el primero de mayo de 2017?

Habilitar oportunidades para aprender a lo largo de la vida es lo más pertinente. Esto es una demanda insoslayable tanto para el sistema educativo como para el apoyo a la generación de empleos estables con salarios y una protección social justa.

En 2015, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó el estudio “Empleos para Crecer”, en el que ubica a Nicaragua como el segundo país, después de Honduras, donde crear un empleo formal es más caro a nivel de América Latina, y señala que las empresas “no invierten lo suficiente en la formación continua de sus empleados”. Esto “perpetúa un círculo vicioso de empleos de mala calidad y baja productividad del trabajo, del cual es difícil escapar”. Según economistas nicaragüenses, 7 de cada 10 empleos son empleos de bajísima productividad generados por el sector informal.

Ante esta situación, nuestra economía y sociedad reclaman la construcción de rutas formativas y laborales que acentúen su esfuerzo en la empleabilidad, lo que significa:

• Fortalecer las capacidades de las personas para que mejoren sus posibilidades de inserción laboral mediante el desarrollo de competencias claves que disminuyan el riesgo de la obsolescencia y permitan a hombres y mujeres permanecer activos y productivos a lo largo de su vida, no necesariamente en un mismo puesto o actividad;

• Formar para un aprendizaje permanente y complejo que implica: aprender a aprender, aprender a hacer y aprender a ser;

• Apoyar a las personas para que incrementen su capacidad de autogestión, identifiquen sus obstáculos internos y externos que interfieren en el logro de sus objetivos y valoren sus habilidades y saberes, así como las demandas y competencias requeridas en el mundo del trabajo.

Estas rutas serán mecanismos de información y orientación sobre el mercado educativo y de trabajo que desplegarán la diversidad de alternativas laborales, sus exigencias y sus posibilidades, eliminando estereotipos que encasillan los trabajos como femeninos y masculinos y facilitarán la búsqueda y/o generación de trabajo, además de contribuir a revalorizar la educación técnica.

Con base en estas rutas se deben reorientar los programas de formación y optimizar el uso de la contribución de las empresas (2%) al sistema de educación técnica, para incrementar el nivel de competitividad de los actuales trabajadores, y con ello, que su formación encaje con el crecimiento del negocio, en una relación ganar-ganar.

Los centros de educación técnica y las universidades las usarían para reinventar el modelo con el que forman a los trabajadores o empresarios del futuro. Desde que el estudiante entra, debe de ser asesorado para que pueda desarrollar su talento y explotarlo adecuadamente, así cuando lleguen al final de sus estudios, se convertirá en un elemento muy valioso para nuestra economía. Habrá adquirido el conocimiento técnico y también las aptitudes necesarias para la negociación, comunicación, resolución de conflictos, liderazgo, entre otros.

Nuestro modelo educativo debe sustentarse en la valorización y certificación de las competencias laborales reales, que incrementen la empleabilidad, referida como el potencial que tendrá un nicaragüense de ser solicitado por una empresa para trabajar en ella, o de emprender su propio negocio.

La formación profesional, a diferencia de otros temas tradicionalmente conflictivos, es más factible para el acercamiento de los diversos intereses y posiciones en función de su aporte a la mejora de la productividad y la competitividad, y simultáneamente a la inclusión social y al desarrollo personal y profesional de los trabajadores.

Los invito a que este primero de mayo nos detengamos, pensemos y formemos una alianza por la empleabilidad, que sea el punto de partida para una negociación positivamente orientada entre empleadores, trabajadores y gobierno en los más diversos campos de las relacionales laborales. ¡Feliz Día del Trabajo!

*Abogado, Especialista en Políticas Públicas y Desarrollo de Cadenas de Valor