Orlando López-Selva
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La Casa Blanca acaba de anunciar que el presidente norteamericano Donald Trump hará primer viaje al exterior. Visitará El Vaticano, Israel y Arabia Saudí.

¿Por qué no escogió Moscú o Beijing?

En la tradición diplomática de Washington, primero se visita a los amigos. Ir a ver a los adversarios sería anunciar que uno está desesperado y quiere hacerse ver cercano al otro. Ello no conviene. Es más bien contundente, dejar sentado que el adversario debe ser visto de menos, para que se sienta inquieto.

Algunos presidentes anteriores escogieron otros destinos. Canadá, México, Inglaterra, u otro país europeo.

¿Raro? No.

Pero, sí le da alta prioridad al interés que el nuevo ejecutivo norteamericano le pone a sus urgentes temas de política exterior. Léase: el terrorismo, el Medio Oriente, y la debilitación de Irán, son los objetivos más importantes, en este primer año de la nueva administración norteamericana.

Y, ¿qué tiene que ver El Vaticano en esta ecuación?

No mucho. Solo puro simbolismo. Mi lectura es que el controversial líder republicano quiere lucir bien y darse un baño de publicidad espiritual, tomándose fotos con un líder global respetable para que lo vean y digan que él y el Papa están del mismo lado; aunque el pontífice sea progresista y el estadounidense conservador. Y cuando Trump llegue a El Vaticano muy seguramente le dirá en tono muy diplomático: “Yo siempre lo he admirado a Usted por su liderazgo spiritual y sus valores que comparto”. (Hago énfasis: es solo mi especulación. Pero estoy muy seguro que los asesores cercanos del presidente norteamericano, ya le deben estar preparando las frases que atrapan para expresar con precisión y brevedad, sus simpatías hacia el estadista romano).

Pero también conjeturemos acerca de lo que podrían ser los asuntos discutibles en Riad, Arabia Saudí. Es un país clave para los intereses norteamericanos, no solo por los temas del Medio Oriente, por su importancia global. Todos los sabemos: hoy en día, el Asia está por encima de Europa.

Además que la inteligencia recopilada y los ensayos que elaboran los gurús de la “curia norteamericana” deben estar poniéndole mucho énfasis a la crisis que tiene atenazados y en vilo a la humanidad. Supongo que deben asumir que el problema de Corea del Norte, los chinos y los rusos lo resolverán, pues ellos serían los primeros afectados (más, particularmente China) si Pyongyang decide ponerle cargas nucleares a sus cohetes que tira para ver qué pasa.

Por otro lado, la visita, hace unos meses, del primer ministro Benjamín Netanyahu y el cabildeo judío en DC, demuestran que Israel es el aliado al que no se debe descuidar jamás. Y si bien es cierto, la postura de Washington ha tenido un giro de 180 grados para incluir la creación de un Estado Palestino en la búsqueda de soluciones (¡actitud que a Jerusalén le debe parecer desleal!), la curia washingtoniana está consciente que con: 1) la oxigenación a Siria; 2) el alto perfil de la diplomacia-militar Putin-Lebrov, y; 3) la reincorporación, riesgosa, a la comunidad internacional de Irán, Israel está hoy más vulnerable.

Estados Unidos no puede perder a Israel ―si cayere en manos radicales, enfrentara intifadas o combatiera contra cualquiera de sus vecinos árabes o Irán.

Washington sabe que Moscú ha hecho lo inaceptable e inmoral para mantener a flote al régimen de Bashir Al-Assad. Solo una razón basta: es su aliado. No importan otras condiciones o valoraciones éticas. Realismo político.

Arabia Saudí, por su parte, ha sido aliado de Washington. Pero muchas de sus acciones encubiertas han favorecido a grupos terroristas fuertes. ¿Confiable?

En Washington han comprendido que el problema irresuelto del asunto palestino-israelí, es de menor riesgo a la par de las tragedias monstruosas que se desprenden de lidiar con Al Qaeda o ISIS, para citar a un par de actores de tal estirpe.

Israel puede ser criticado; se puede tener divergencias por su visión del problema palestino. Pero no se le puede abandonar. Es un aliado fuerte e indispensable. Es el muro de contención para frenar cualquier embestida que llegue por la nueva Asia. (Bueno, ¡Turquía lo es mucho también: pero con la política de Ankara, se trata, aunque nunca se confíe plenamente!)

Este viaje de Trump a Israel y Arabia Saudí empalmará con la reunión de la OTAN en Bruselas, a finales del mes. No es una coincidencia. No es una casualidad.

Washington no debe abandonar, ni por un instante, a su aliado Israel: un baluarte de los valores de la democracia.