Jorge Isaac Bautista Lara
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El título bien podría ser “Manual para destruir una institución”, “Consejos para desbaratar lo que se ha construido”; o “Cómo los egos pueden dinamitar una obra”. Bien analiza el editorial del lunes, en este mismo periódico, quiénes serán en esto  “Los perdedores en el pleito Pipitos-Teletón”.

No se sabría decir quiénes son los culpables del descalabro, o si lo que existe no son culpas, sino malos entendidos. Las cifras crudas y duras, en los perdedores, salen a luz con más de 4,000 menores con discapacidades con cada historia que haría llorar a cualquiera. Que han tenido cifradas sus esperanzas en el binomio. Han de engrosar la lista los padres de familias o tutores de estos menores.

Encontrándonos que, ahora, la maravillosa sensibilización que han tenido los componentes de ambas instituciones, que provoca admiración, ha llegado a su desgaste por asuntos personales, y las circunstancias les están superando en sus capacidades personales. Si sumamos los niños que se agregarán cada año, nos veríamos en la neces
idad, un poco más tarde, de multiplicar.

Ustedes, como organizaciones, están abriendo la “Caja de Pandora”, en lo que se narra en la mitología, donde se dice que tenía apariencia de un bien, de algo bueno. Esta alusión de la mitología griega, que hace referencia a la traída de nuevos males a la vida. En el mito se cuenta que Prometeo robó el fuego de los dioses y se los entregó a los hombres.

Zeus, en venganza, envió como castigo esa “Caja de Pandora” (un engaño) que al abrirla dejaría salir y volarían una cantidad de males sobre los hombres (vejez, enfermedades, locura, vicios, pasión, plagas, tristeza, pobreza, crímenes, etc.). No se puede tachar o señalar a Teletón ni a Los Pipitos, hasta la fecha, de mal uso del dinero ni de la administración de los fondos donados.

Pero con lo que están diciendo, han salido de la apertura de esa “Caja de Pandora” algunos males que en el ropaje nefasto de las dudas, han comenzado a inundar la opinión de los donantes: ¿Codicia? ¿Avaricia? ¿Poder? ¿Protagonismo? ¿Egos? ¿Incompatibilidad de carácter? La verdad es que nadie les obligó a meterse a esta tarea cuando lo hicieron, sino ustedes mismos como gesto maravilloso de humanismo. Algo que Vicente DePaul sintetizaba en la frase:

“Dios te pide tu corazón, y solo después tu trabajo”, y  lo hacen muy bien; cuando han llevado en sus manos a esos niños, un mensaje y obra  material, humana y espiritual. Una obra de calidad, con sello del servicio al otro, al prójimo: con profundidad humana. Sépanlo de manera clara que al separarse, lo quieran o no, se llevan consigo, las preguntas de los males de la “Caja de Pandora” que ustedes mismos se acaban de enrostrar. Pero nosotros, desde lo que sabemos de la leyenda, conocemos que en la parte última de esa caja, Zeus había depositado un único bien para el Hombre: “la esperanza”

. Ya abrieron la caja, saquen de ella antes de cerrarla, “La esperanza”; y retomen el camino de las cosas buenas que han demostrado que pueden hacer de manera tan noble. Retomen los pasos de manera conjunta, pues la car
ga es pesada. Cada quien es bueno en lo que hace y sabe, y precisamente por ser así es que hoy tienen estos incomprendidos y desajustes. Y es que la vida muchas veces nos enseña que a veces somos víctimas de los éxitos. Cada parte ha funcionado como el complemento del otro, y es valedero el mérito a cada quien. Cada etapa perdura lo que debe durar; y esa es la lógica a interpretar, valorar y superar.

Se hace necesario aplicar algunas variantes de administración. Pasen la página, hagan correcciones que estos años han mostrado y demostrado que deben hacerse, algo propio del desarrollo, ajustes que no se habían hecho; y en donde ambos tienen porcentaje de razón. La caridad debe ser organizada, planificada y administrada para ser efectiva y eficiente. Si la propuesta es reducir gastos administrativo al 20%, y la otra parte de mantener el 40%; la media en la más estricta matemática es el 30%.

Tengan la valentía, sabiduría, en deponer los egos. El servicio que ustedes prestan es extremadamente necesario. Son seres 
tan vitales para quienes sirven, y para la sociedad. Desafiaron lo casi imposible con la construcción de estos centros de esperanza, que hoy transforman en centros de angustia. Ninguno logrará esos resultados por separado. No terminen ordinarizando sus obras. Vicente DePaul decía, dado lo oportuno de lo que pasa, una frase sabia: “La gracia tiene su momento”. Este es el momento: levántense que “vuestros niños, a los que aman, les esperan”.