Esteban Solís R.
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Semanas antes de los comicios presidenciales en Taiwán se sabía que la candidata del Partido Democrático Progresista (PDP), Tsai Ing-wen,  ganaría con comodidad esas elecciones.  Al otro lado del estrecho, los líderes de China Continental estaban inquietos pues también sabían que el gran derrotado sería el Kuomintang (KMT), formación política que durante los últimos 8 años de Gobierno en la isla había mantenido un acercamiento, sobre todo económico  con  Pekín.  “Estupor en China ante triunfo de Tsai”. “China enfurecida tras elección de presidenta en Taiwán”  decían los principales títulos de algunos diarios en América Latina, Europa y Asia, enterados de las posibles repercusiones que para la estabilidad de esa delicada zona geográfica, el estrecho, significaba el regreso al poder del partido independentista, que años atrás, bajo la conducción del entonces presidente Chen Shui-bian, favoreció la separación definitiva de China.

Tsai, la “chinoescéptica”, como la califican algunos medios de comunicación, tomó posesión como la primera mujer en acceder a la presidencia de la República de China (Taiwán) y desde el primer día (20 de mayo) lanzó un clarísimo mensaje a China: “Nuestro sistema democrático, nuestra identidad nacional y nuestra integridad nacional deben respetarse”.

Cuatro meses después de ganar las elecciones,  Tsai, la “chinoescéptica”, como la califican algunos medios de comunicación, tomó posesión como la primera mujer en acceder a la presidencia de la República de China (Taiwán) y desde el primer día (20 de mayo) lanzó un clarísimo mensaje a China. “Nuestro sistema democrático, nuestra identidad nacional y nuestra integridad nacional deben respetarse”.

Advertía  que cualquier violación, sea cual sea el modo, afectará la estabilidad de las relaciones a ambos lados del estrecho. Durante su campaña había prometido que de acceder a la primera magistratura no alteraría el estatus quo en los lazos con China y la buena “voluntad” pero que tampoco cedería ante las presiones y que no seguiría la senda del enfrentamiento.

Toda esta retórica cabreó a la dirigencia china. Interrumpieron los canales de comunicación oficiales con la isla y redujeron casi a la mitad el número de turistas chinos a la antigua isla de Formosa.  Las “turbulencias” bilaterales, como lo había adelantado un alto cargo chino,  estaban en pleno apogeo. En 2015, visitaron la isla 4,100,000 ciudadanos chinos y dejaron 7,000,000,000 de dólares en la isla. Según el Banco Central de Taipéi, hubo una reducción de la afluencia de visitantes del territorio continental de un poco más del 20%, afectando seriamente la industria de ese sector.         

El 20 de mayo Tsai cumplirá  un año al frente de la nave que condujo desde un primer momento en aguas embravecidas y que al parecer ha dejado atrás gracias al desempeño de un pragmatismo político que no ha dejado indiferentes a muchos, aunque ahora  sus partidarios le señalan de asumir una actitud muy blanda con respecto a China. Es decir, la presidenta Tsai ha demostrado ser una excelente funambulista, de mantener un equilibrio político en su relación con China.

Quizá no haya abandonado sus principios independentistas pero eso no significa  que también haya apostado por darle continuidad a la política de acercamiento de su antecesor, Ma Jing -yeou, que incluso, tuvo un encuentro cara a cara con el líder chino Xi Jing-ping para rebajar las tensiones a ambos lados del estrecho. La presidenta Tsai, no obstante,  ha hecho innumerables llamamientos al consenso y la moderación con el propósito de no enfadar a Pekín sin embargo, y esto ha sido destacado, sin inclinarse ante el poderoso gigante asiático. Sin embargo
, China tiene un arma muy poderosa para intentar doblegar a Taiwán, su condición de potencia la hace económica, militar y políticamente una nación con largos tentáculos con capacidad de asfixia: la presión diplomática. Taipéi comprende correctamente ese complejo  escenario y China no dudará en apretar la tuerca para quitarle aliados. En diciembre pasado Santo Tomé y Príncipe, un pequeño país africano formado por islas, rompió relaciones diplomáticas con Taiwán para restablecerlas con China. Pekín  aplaudió la decisión.     

Considero apropiadas unas declaraciones hechas hace pocas semanas por Eric Huang, jefe de la sección internacional del KMT a propósito de las expectativas creadas en la isla a raíz de la llamada telefónica de la presidenta Tsai a Donald Trump para felicitarle por su triunfo electoral:  “el espacio de Taiwán en la escena internacional podría ser incluso más limitado, tenemos que ser prácticos para sobrevivir” .

estesor59@yahoo.com