Jorge Isaac Bautista Lara
  • Managua, Nicaragua |
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Al preguntar a la madre de una adolescente con anorexia, qué título dar a un artículo que abordará este mal; ha sugerido el que transcribo. Cuando hablamos de violencia, el imaginario refleja una acción física, sin embargo lo que constatamos es que el no ser notado, al ser olvidado en una familia o sociedad (por su efecto directo y consecuencias), es sustancialmente una forma de violencia más. Y la forma en que estamos abordando en esta sociedad este problema lo es.

La anorexia es una enfermedad y así hemos de tratarla en la familia. Una enfermedad con datos ocultos en el país. Donde las jóvenes requieren ayuda, y no reclamo ni regaño, sino paciencia sistematizada, constante, perseverante con amor; pero sin aflojar la cuerda. Cada día que se le da de comer, cada tiempo de comida que se logra, es un día que se gana a la muerte. Nos necesitan, es la única verdad. Y al igual que el cáncer y Alzheimer; está comprobado que arrastran (requieren) e involucra a la familia. La anorexia es una adicción por su obsesión (el enfermo esconde y niega su mal). Igual que el alcohol, la droga o a fumar; es adictiva. Cuesta que la persona se dé cuenta que está enferma. Una adicción donde la víctima no tiene la capacidad de salir en solitario y necesita la ayuda, de quienes le amamos.

El origen de este mal es histórico. El problema de hoy, la modernidad, es su masificación. Donde muchos negocios confabulan para hacer dinero de este tipo de males sin tener piedad, ni límites, en la valoración de sus consecuencias con tal de ganar. A como se ha dicho en otros artículos y tema; las víctimas son la juventud. La anorexia es un desorden alimenticio y psicológico (ambas cosas). Donde el enfermo inicia con un régimen para bajar de peso, sin tener idea de dónde le llevará ese tren de vida, perder peso para lograr un cuerpo ideal es su meta, hasta que se transforma en un verdadero símbolo de poder y control de la persona sobre su cuerpo. De esta manera, en la medida que va controlando la ingestión de alimentos, llega a un grado que se transforma en inanición.

Teniendo una distorsión de su propia imagen corporal, sin lograr ver ni reconocer su adelgazamiento, siempre se ven gordas a sí mismas en el espejo, teniendo un sentido de ineficacia personal que les deprime. En estas dietas, van metidos los consejos de “amigas” en la pérdida de peso, logrando una disciplina más dura que ellas, volviéndose expertas en las dietas.

Llega el momento en que las demás dejan de hacer dieta, pero la persona anoréxica continúa empantanada. Con hábitos de alimentos rígidos: comer solo ciertas cosas, en específicas cantidades. Y el terror a engordar se vuelve más fuerte que el hambre. Apareciendo, en esa terrible batalla interna, la depresión que marca un ciclo destructivo que ha llevado a muchas jóvenes al suicidio. Siendo el problema central la baja autoestima; la forma de valorarse a sí mismo. Las malas amistades no solo no ayudan, sino hunden más a la joven. Y es nuestra intervención constante en la recuperación de su peso, lo único que puede colaborar y traerle la mejora psicológica hacia ellas mismas, y la mejora en el pensamiento, sentimiento y conducta.

No se les puede ni debe dejar solas nunca: el darles amor y hacerles sentir lo importante que son para nosotros es vital y de esencia de vida en ellas. ¿Quién promueve esto? Nuestra cultura de alabanza a la extrema delgadez como estética única para valorar la belleza de una joven; en la búsqueda de lograr cuerpos imposibles. Siendo las agencias de modelajes y concursos de belleza en Nicaragua, en particular, las que incitan e invitan a esto cuando no se les pone límites de la necesidad de dar advertencias. Igual la propaganda impresa y visual, de imágenes delgadas (anoréxicas) de modelajes de ropa u otros, como símbolo del “ser feliz” y del “éxito”.

Lo que se traduce en una presión social excesiva en el entorno y contorno ¿Consecuencias? Osteoporosis, acné tardío, arritmias en los latidos cardiacos, caída de cabello, piel pálida (amarilla y seca), ruptura de vasos capilares, úlcera, alteración de ritmo de evacuación, reflujos, problemas de coagulación, depresión, amenorrea, psicosis maniaco-represiva, etc. Algunos países han valorado el problema, tomando medidas legislativas de control, multas, a las agencias de modelaje y a la propaganda en general: Francia, Israel, Brasil, otros. Reino Unido ha prohibido a Gucci la extrema delgadez de sus modelos. ¿Quién tomará cartas en el asunto en Nicaragua? Diputado Edwin Castro; lo dejo en sus manos.