Carlos Andrés Pastrán Morales
  •   Managua, Nicaragua  |
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De un recorrido diario, de una rutina diaria, de un día cualquiera, un día particular, de salir a las calles, ver el exterior, las características, la gente, lo social, de todo esto se resalta ciertos puntos que son muy importantes.

Primeramente, un asombro total es ver siempre a los mismos niños pidiendo en las calles, haciendo malabares, disfrazados de payasos, para ganarse unas monedas que luego van a ser mal entregadas a los malos padres. También, a los mismos enfermos con carteles pidiendo dinero para medicina. Los mismos limpiaparabrisas.  Los mismos delincuentes en las rutas vendiendo separadores con frases cristianas después de contar historias de las cosas que han vivido y que ahora se quieren ”componer” siguiendo el camino de Dios. A los mismos predicadores de voz alta. Los mismos buseros de las mismas rutas. Taxistas de todo tipo, ancianos, jóvenes, con pinta de pandilleros, señores. 

A los mismos cuidadores de los barrios, colonias o residenciales que pasan horas tratando de dormir sin que les pase nada ganando un salario burla, mojándose con la lluvia, saludándote siempre que pasas por la cuadra. Al mismo chavalo pidiendo dinero afuera de la gasolinera.

¿Qué será de esas pobres personas que no tienen una casa, que los maltratan, que tienen que salir a pedir para poder comer, otros solo para sus drogas y vicios, que tienen que vivir a expensas de la solidaridad de otros, que no tienen estudios, que viven en constante peligro por vivir en las calles, que andan en carretones de caballos?

Quién sabe qué pasará con esas personas, pero sí sabemos lo que pasa con nosotros mismos. Muchos quizás no se preocupan por este tipo de temas. 

Una gran parte de la juventud y de la sociedad en sí se dedica a una competencia sin premio sobre quién es mejor que quién, una competencia de quién tiene más ”éxito”, sobre la popularidad, viven más en las cosas de los demás que en las cosas personales de ellos mismos, en vez de vivir su vida de forma tranquila, sin exasperar, sin demostrar nada, sin fingir algo que no es y ayudar a los que necesitan ayuda.

Otros viven totalmente ocupados en sus asuntos, en sus vicios, en sus trabajos exitosos, en sus problemas familiares, tanto así, como para preocuparse poco por las personas de abajo, por la gente que habita en los últimos lugares de la pirámide social actual, los de la clase baja.

¿Será que un día Nicaragua llegue a revertir esa tasa de individuos que sufren y suba el porcentaje de personas con mejor índice de vida? ¿O solo es simplemente la olla llena de oro al final del arcoíris?

Se sabrá con el tiempo, pero solo tener el conocimiento de lo que sucederá, no ayudará. Mejor es, tener poco, o tener más o menos, o mucho, y ayudar con lo que se tenga a esas personas que nosotros creamos, confiamos y pensamos que necesitan de nuestra mano para progresar. 

Sin la necesidad de que exista ese exhibicionismo absurdo de querer demostrar todo lo que uno hace. Mil veces mejor ser humilde con simples acciones, siendo fiel y solidario con las personas que queremos ayudar, sin la creación de nuevos inconvenientes para evitar más la falta de conciencia y de importancia que tiene la sociedad que está más beneficiada en el país.