Augusto Zamora R.*
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Donald Trump ha decidido hacer una serie de recortes drásticos en gastos sociales y cooperación externa para financiar el rearme de las Fuerzas Armadas de EE. UU.

Parte del recorte llegó a Latinoamérica, con la consiguiente merma de influencia política estadounidense, preocupado como está EE. UU. por el ascenso de Rusia y China.

Los recortes de un lado para gastar en otro recuerdan el clásico y célebre ejemplo del nobel de Economía 1970, Paul Samuelson, sobre la elección entre producir cañones o producir mantequilla, es decir, entre producir bienes militares o producir bienes civiles.

La economía trata de la administración de recursos escasos, que obliga a elegir entre unos productos y otros, entre unos gastos u otros. Ir de vacaciones o reparar la casa.

Cuando EE. UU. manejaba a su antojo la economía mundial, podía producir cañones y también mantequilla. Pero esa época es hoy lejana, aunque no lo es la soberbia imperial.

Trump quiere prolongar la hegemonía estadounidense exprimiendo las arcas públicas y sacrificando derechos sociales. Lo mismo, patéticamente, que hicieron imperios pasados. El expolio social no detuvo la decadencia. Provocó lo contrario. Acelerarla.

La inversión social es una espiral hacia arriba. Mayores recursos educativos producen sociedades más cultas y, por ende, más productivas, creativas e innovadoras.

Mejores servicios sanitarios hacen pueblos más sanos y, consecuentemente, más laboriosos. El deterioro de la salud pública suele preceder a la decadencia imperial.

La historia tiene reglas casi matemáticas. Ciertas dirigencias, analfabetismos crónicos.

az.sinveniracuento@gmail.com