Orlando López-Selva
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Mantengo una conversación siempre interesante con mi amigo Armando Zambrana Fonseca; un schollar culto, de inteligencia clara y diálogos amenos, ágiles y pedagógicos.

Una de sus frases me pareció perspicaz: “Lo que está ocurriendo en Venezuela no me sorprende. Los socialistas siempre hacen lo mismo y donde quiera que toman el poder les pasa igual”.

Después me quedé pensando y me puse a desenrollar lo que le seguía a esa sentencia reveladora.

Así es. En cuanto los socialistas o los neo-socialistas toman el poder, siguen a pie juntillas el manual marxista-leninista: “Cómo destruir un país, enfrentándose a Estados Unidos para ser enemigos de todo el mundo y erigir una dictadura feroz”.

Los instigadores fueron Lenin, Stalin, el Ché y los Castro.

El punto es que lo que estamos presenciando en Venezuela era predecible. Sin dudas, los defensores fanáticos del neochavismo dirán que “la revolución seguía su curso de felicidad y que luego la burguesía local y los imperialistas yanquis implantarían su agenda perversa para destruir cualquier intento de los pueblos oprimidos que están construyendo su paraísos de obreros”. (¡Rápido se enteraron que los campesinos nunca quisieron estar en esa ecuación infanda!).

No es difícil seguir el curso de los acontecimientos. Todo comienza con arengas encendidas y proclamas altisonantes de liberación de los pueblos, alianzas con los que luchan contra los opresores, restituir los derechos de los explotados, hacerles justicia a los oprimidos, y construir una revolución que le dé la verdadera independencia a su pueblo… (¡La vida sigue igual para los demás, menos para los dirigentes de la nomenclatura que se convierten en la nueva burguesía y se proclaman infalibles dueños de la verdad, la justicia, la libertad, la razón, la bondad… y el poder absoluto!).

Y luego vienen las tareas urgentes, necesarias para desgobernar y diezmar adversarios, encarcelarlos, exiliarlos, prohibirles, censurarlos, insultarlos, reprimirlos, y conspirar contra ellos… (La lista sigue, dependiendo de las reacciones de los opositores; o las coyunturas y presiones imperiales. Revolución y pueblo se vuelven sinónimos. Todos son iguales. Pero solo los líderes están por encima de la ley y viven como aquellos a los que derrocaron.  

Entiéndase. La historia tiene dos actores: oprimidos y opresores. Es un axioma. Solo ellos tienen la razón absoluta. Es como un dictum bíblico inobjetable, inequívoco: ¿Están con la revolución o deben avergonzarse y marcharse? 

La pregunta es: ¿los neosocialistas solo deben estar alineados al eje de aquellos que están en contra de Occidente, los Estados Unidos o los que defiendan la democracia pluralista?

¿Puede haber socialistas independientes? 

Josep Broz Tito, hasta cierto punto, después de la II Guerra Mundial, mantuvo una postura bastante independiente frente al liderazgo del Kremlin soviético y la China maoísta. ¿Su aislamiento fue inútil o verdaderamente exitoso? 

Habría que revisar la historia de la entonces Yugoslavia. Albania giraba en la órbita china. ¡Pero alguien lo había intentado! 

Hay naciones que se enmarcan dentro de la cultura y referentes occidentales modernos, sin necesariamente, seguir indicaciones de Washington: Francia, Suiza, los países escandinavos.

Entonces, ¿por qué no intentan algo así los socialistas tropicales de nuestra región? ¿O deben necesariamente adscribirse a la membresía rígida que impone condiciones para vender el pregón esclavista del socialismo? ¿O peor, arriesgan el desarrollo y bienestar de su pueblo, por el que dicen luchar, para sentirse protegidos por otro imperio sin moral ni valores?

García Márquez en su discurso de aceptación de Premio Nobel, pedía, entre líneas, a los intelectuales europeo-occidentales que aceptaren la versión latinoamericana del socialismo, sin poner reparos ni chistar, al igual que habían aceptado la literatura latinoamericana: mágica, absurda, creativa, original.

La política no es mágica; es una seria realidad. 

¿En qué país el modelo socialista ha dejado de ser dictatorial e intolerante?

Y al volver al asunto venezolano, se ve claramente que el neochavismo se ha atollado en el punto ignominioso del manual. Está en el capítulo de la represión sistemática contra los opositores públicos.

¿Por qué reprimen si ellos mismos lucharon contra ese  método?

El gobierno Maduriano podría salvarse si hiciera todo aquello que el manual dictatorial no impone. Pero no contempla diálogo, tolerancia ni democracia; mucho menos abandono de la radicalización.

En otras palabras, cometen los mismos errores porque sigue el mismo camino, tantas veces escarmentado por la historia. 

Sigue siendo obvio. Los neosocialistas no están preparados para rectificar o abandonar el radicalismo. Son adictos al poder total. No tienen imaginación ni creatividad. Solo siguen instrucciones sin cuestionar. Y se vuelven a dar con la piedra en los dientes.