Bayardo Altamirano
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Algunos pensarán que lo que trataremos hoy carece de importancia práctica, pero ya verán que se equivocan de lado a lado.

En lógica y filosofía, la contingencia es el modo de ser de lo que no es necesario ni imposible, sino que puede ser o puede no ser según el caso. En general la contingencia se atribuye a los estados de cosas, hechos, eventos o situaciones. Existe un debate sobre si es aceptable hablar de entidades contingentes (o sea entidades necesarias o imposibles), conocido como el debate en torno a las modalidades de la palabra y los asuntos.

La relación entre necesidad, posibilidad y contingencia con frecuencia se malentiende. Todo lo que es contingente es posible, pero no todo lo que es posible es contingente, pues aquello que es necesario también es posible, pero no es contingente. Parece trabalenguas. Por otra parte, no todo lo que no es necesario es contingente, pues lo que es imposible no es ni necesario ni contingente.

Para estudiar cualquier ciencia es preciso tener claro este asunto. Este asunto viene discutiéndose desde que los seres humanos trataron de comprender la esencia de los fenómenos de la naturaleza. En esta cuestión han meditado grandes filósofos: Demócrito, Aristóteles, Kant y Hegel, para  citar algunos. Más aún si debemos incidir en aliviar los males de la humanidad doliente.

Para los académicos es un problema de extraordinaria importancia dilucidar este asunto para conocer las leyes de la naturaleza. También debe serlo para los políticos. Tanto para las carreras relacionadas con la física como para las del campo social.  Para los historiadores servirá para decir lo que pudo haber sido y no fue.

Hay cambios que pueden ser casuales, como un accidente o un cataclismo o bien pueden ser contingentes. Por ejemplo, cuando estudiamos la ocurrencia de un sismo con su caudal de desgracias o todavía más simple la producción de incendios como los recientes de los mercados. Otros tienen una periodicidad como las inundaciones que provocan las lluvias. 

Decimos es necesario prever lo contingente y convertirlo en imposible. Digo lo anterior porque los candidatos a alcaldes deben tener bien preciso los fenómenos del entorno donde se van a desempeñar. No encontrarán programa escrito sino que deben profundizar en la realidad de su municipio. Que no esperen que Daniel o Rosario les proporcionen el guión. Así que a quebrarse la cabeza compañeros y tener bien claro las contingencias.