Carlos Andrés Pastrán Morales
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Un eclipse oscurecerá la tierra, las estrellas infinitas se verán más, la luna por delante del sol, una noche infinita sobre la ciudad. Cenizas provenientes de erupciones cubrirán superficies, casas olvidadas, edificios caídos, cuerpos sobre el suelo. El clima frío y un invierno permanente, charcas por doquier, agua, lodo, sangre. Corrientes de aire que se lo llevan todo, polvo, objetos, cuerpos, recuerdos y memorias. 

Un fin del mundo con causa justa, dura, advertida, con conciencia, que destruye y carcome lo más oscuro de la humanidad, para ponerle un punto a la historia, para acabar con todo.

En un momento la indiferencia fue rebotando y creciendo entre las personas, trayendo más efectos negativos, conflictos, pleitos, batallas ideales, diferencia de pensamientos, irrespeto de creencias, que pronto, con el tiempo, se fueron convirtiendo en guerras civiles, luego en mundiales, hasta volver polvo a ciudades enteras, a extraños y a propios, a malditos e inocentes.

La culpabilidad y la falta de acción a malas decisiones fueron defraudando a la gente. La depresión, la furia, la decepción fue inundando cabezas y pensamientos, ciudades enteras con personas que no hacían nada al respecto por ellos mismos ni por ella misma. El patrimonio que fue vendiéndose y fue perdido, el honor a la patria cada vez fue siendo insultado, banderas en el suelo con marcas de zapatos en ellas.

Las relaciones interpersonales y las relaciones internacionales terminaron en conflictos políticos, económicos y sociales. Los tratados entre países expiraron, países latinos fueron cortados de todo aporte norteamericano y europeo. Los países se fueron quedando con su mismo y propio apoyo para sobrevivir. Fueron surgiendo aún más problemas dentro de estos países, y los demás con más cantidad de dinero, “sufrían” pero no lo mismo que los pobres.

La naturaleza fue devastada, arrebatada, acechada, asesinada. Los árboles apenas se veían en fotos, en internet, en las calles como árboles de la vida iluminando todavía esperanzas. Los animales desaparecieron, las carnes más comercializadas se acabaron, los pollos, las vacas, los cerdos, los caballos, todo tipo de animal doméstico, más que otro perro deambulando por la calle, hambriento, todavía fiel al humano.

Revoluciones por docenas, civiles heridos en las calles, el sol caliente agitando masas. La delincuencia fue creciendo a medida que las cosas se iban complicando, y de un momento a otro gobernaba la ignorancia, la pobreza, los delincuentes, la revolución, los gobiernos cayeron y todo se venía abajo.

Todo acabó, no hubo vida alguna que haya merecido vivir en un mundo como este. 

Llevado a la tragedia por cantidades de personas que no hacían lo correcto, aun así cuando habían otros tratando de predecir el mal futuro próximo.

El tiempo pasó y ahora lo único que queda son recuerdos de una civilización humana deshumana. Cenizas, sangre, guerras y destrucción de todo lo precioso que algún día se llamó vida, solo quedan los restos en un mundo oscuro, trágico y vacío, donde el olvido persiste y el error humano ya no tiene existencia. 

¿Será así que queremos nuestro futuro o así es definido el futuro ya cuando no nos sensibilizamos que nosotros mismos causamos los problemas de hoy por lo que se llama Cambio Climático?

Ojalá solo sea una de esas pesadillas apocalípticas que tenemos cuando vemos la indiferencia de los poderosos y la imposición del más fuerte por la sinrazón. 

Es tiempo de reflexionar sobre el mundo que queremos construir, y aportar, no quedarnos indiferentes.