Bayardo Altamirano
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Periodismo y literatura son una y la misma cosa. Formas de expresión, necesidad, compromiso Vea por ejemplo en El Nuevo Diario lo que escribió Mario Fulvio Espinoza. El periodismo es literatura. Entonces para el estudiante de periodismo es importante aprender a hacer literatura. Los artículos se miden por la emoción que provocan.

Hace algunos años la Academia Sueca incluyó entre sus candidatos al periodista Ryszard Kapuscinski quien reivindica que el periodismo también es literatura, que la prosa imantada es lo que cuenta, que las emociones existen en textos con ficción o sin ella.

Su prosa es tan transparente que se olvida que estamos leyendo y amanecemos en un puro cuento. De tan transparente algunos piensan que su prosa algo está tapando. Que detrás de su militancia se encuentran los contratos, las prebendas, los viajes. Que su prosa por clara no puede ser literatura sino periodismo. Por algo fue el mandamás de la escuela.

Nos cuenta el cuento de la verdad. Caminamos por la pasarela con las mises. Ironía sutil de nuestra sociedad tan vana. A sus personajes de ficción los hace verosímiles y a los que toma de la realidad los fija, contándonos el cuento de su historia verdadera. Para los buenos escritores poco importa que sus personajes sean de carne y hueso, que su inspiración sean archivos o entrevistas. Pláticas de aldeas o barrios. Importan sus historias, no cómo llegaron a ellas. A veces son relatos de gente humilde que conserva la memoria histórica. Veneros que formaran ríos literarios.

Manlio pertenece a una estirpe de escritores de acción y reflexión, que lo mismo construyen vidas imaginarias que recuperan la vida corriente. Trabajo que es destino y placer; método para animar la mesa de la cultura y la plaza pública como lo ha hecho los movimientos de izquierda.

También escribir cuentos y novelas, crónicas y testimonios, biografías o cuentos para niños es un antídoto contra el olvido. Ha escrito sobre uno de esos personajes del montón, que luchó en la Revolución y murió en la inopia. Casos que se encuentran por todos los rincones del terruño.

Gracias a él hemos encontrado grandes emociones en pequeñas vidas y en los personajes que habrán de trascender la vida menuda con todas sus miserias y alegrías. Y no le ha preocupado la manera en que clasifiquen sus escritos. Arduo trabajo tendrán quienes tengan que hacerlo.

Deberán compartir la prosa vigorosa, el registro obsesivo, los diálogos que retratan, las atmósferas que solas son casi personajes, la ausencia de prosa sociologizante o aquella que en nombre de un supuesto valor literario padece las tres funestas fus. O sea el ser profusa, confusa y difusa.

Sus personajes tienen cuatro dimensiones, respiran, tienen vida interior, porque no son planos ni estáticos como las fotografías, porque proyectan sombra y volumen. Viven en la relatividad del tiempo. Un universitario distinguido, reconocido por su obra. Aristócrata que vale por las historias que cuenta sin importar que sus personajes a veces sean de carne y hueso y sus historias reales y verdaderas. Señor del radiofónico país azul de mil oyentes.

Además ha creado seguidores, herederos que pululan en nuestros diarios. Como el jonrón, pican y se extienden.