Jorge Isaac Bautista Lara
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Hace un mes, aproximadamente, esperando una ruta de bus; los usuarios volvían a ver a uno y otro lado por un aroma que pululaba en el contorno. Un humo tan particular: marihuana. Hablamos de las 5 p.m. en un sector popular en una de las colonias de Managua. Era una pareja de jóvenes; ella en estado de gestación con un abdomen que podría decirse de 6 a 7 meses.

Él daba un par de sorbos y socializaba con ella que repetía lo mismo. Sin rubor alguno y a vista pública. Será menos de una semana, 4 p.m., en otro sector de Managua cuando pasaba por una acera, sale una madre de familia alterada que coincide al momento que pasamos caminando, nos pregunta ¿Es marihuana verdad? Nuestra respuesta ha sido que no sabíamos, en tanto íbamos pasando.

Pero fue demás, ella solo salía para confirmar jalando la verja de su casa y cerrando la puerta; en su esquina, a escasos 6 a 7 metros, un grupo de jóvenes estaban platicando consumiendo cannabis de la manera más tranquila. Llegando de visita a una casa, hace unos días, en lo que se viene la oleada de ese aroma tan particular, pregunto a los dueños qué era eso.

Nos responde resignada que al otro lado vive un matrimonio joven y que es frecuente la llegada de ese aroma cuando están fumando marihuana, y que luego en otros días inician los pleitos y maltratos entre ellos (no caigan ahora por favor que es un asunto de género). En otro día llegando a un cafetín, nos ha extrañado que casi no hubiera clientes; los que llegaban parecían conocerse entre sí, pasaban directo al fondo y se metían en cuartos reservados para luego sentirse ese aroma tan particular.

Así se puede abundar en ejemplos vividos que solo nos está recordando la década de los 70. Ninguno de estos datos es rebuscado sino de la vida ordinaria; día a día. Obviamente alguien las vende. Podremos podar, botar, una y mil veces las ramas de un árbol queriendo controlar un uso indebido por prescripción penal; ocupando los métodos más modernos y drásticos que “aleccionen” al árbol en el sentido de no permitirle ni tolerarle tal comportamiento de producir este tipo de ramas en la sociedad.

Llenando así el Sistema Penitenciario de “malhechores”. Pasado un tiempo nos encontramos que el árbol no ha comprendido nuestra no tolerancia a tal comportamiento “irregular”, y fuera de tono en cuanto al Código Penal (ley 641 y leyes especiales). Así que reunidos en asambleas o juntas, tomar la decisión de aplicar aun medidas más drásticas para “golpear” con más fuerza las ramas nuevas que surjan, y usar con intensidad los cuerpos de Policía con su presupuesto.

Pero, parodia de la vida, encontramos que no solamente siguen creciendo las ramas y penetrando la juventud, sino que se multiplican por otros lados y así vistas las cosas no caemos en la cuenta que no será podando o botando las ramas a punta de golpes y represión que lograremos controlar el surgimiento de nuevas ramas dañinas, sino hasta que tomemos la audaz, lógica y sabia decisión de asumir la tarea de buscar el tronco (causas) de donde se originan esas ramas, y así en esa búsqueda de la trazología de su surgimiento, llegar a la raíz o raíces reales del problema.

Algo donde nos pueden ayudar especialidades como sociología y criminología, para reconocer su origen. Que es ni más ni menos, ver cuál es la raíz social y económica que está abonando el problema de la popularización y masificación en los últimos tiempos de la marihuana (cannabis; droga psicoactiva), y sobre todo en nuestros jóvenes.

Por favor, cuando se escribe esto, no tomen la medida de ir de manera automática y rústica a la búsqueda de más palos y castigos con aumento de penas, sanciones, multas, cárceles, etc.

No es por medio de garrote que se educa o controlan los problemas de origen social: menos cuando tocan a nuestros jóvenes. ¿Cuándo lo entenderemos? La verdad es que nos está faltando tanto escuchar a nuestros jóvenes en sus problemas, inquietudes y dificultades.

Para invertir en aquello que les falta, afecta y duele, o lo que puede estar aquejándoles de manera que pasemos a colocar como pieza central los mensajes y acciones reales preventivas a fondo. Algo que pasa por lo laboral, salarial, educación, medios de divulgación, etc. Sin dejar lo penal; no como primera medida. Los jóvenes, así pasando las cosas; se nos están volviendo banderas de excusas en lo que hacemos; y olvidados en lo que realmente necesitan.