Lesbia Espinoza Gutierrez
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Hace un escaso mes, en un aeropuerto de Estados Unidos, un ciudadano estadounidense, insultó a un joven porque lo escuchó hablando español. ¡Gran ofensa!, según el agresor.  Estos hechos de violencia no son nuevos. Las excusas son múltiples y sin ninguna razón. El intolerante, que seguramente, de no andar en silla de ruedas lo hubiese agredido físicamente, se sintió con derecho a agredir, anteponiendo su odio, al oírlo hablar en español y no en inglés. Penosamente, la historia de la vida cotidiana estadounidense está plagada de estos actos, opacando una historia plena de solidaridad, compromiso y entrega de servicio. El insultado era, o es, hispano, latinoamericano. Hispano y latino, son dos términos cuyos orígenes de antaño ostentan connotaciones político-administrativas territoriales. ¡Siempre marcar el poder, el territorio! 

Bajo estas excusas de racismo, xenofobia y discriminación, muchos se han apropiado de derechos a insultar, ofender, golpear y matar, si les es posible, a personas que no hablen inglés, que no sean de raza blanca o anglosajones. Etimológicamente, hispano y latino, son términos emparentados. Y latino e hispano son inclusive algunas personas europeas que tengan que ver con Italia, Francia, Portugal y España. 

El agredido, joven hispano y latino resulto ser un hombre decente, educado, de gran condición moral y cristiana, que no contestó con la misma  moneda.  Y para nada la suya (ser hispano, latino, de piel morena y hablar español) significa una condición de inferioridad o vergüenza. A todas luces, no hay ni ha habido razones para agredir a otra u otras personas con estas características.  ¡Claro que no! Solamente lo hacen los enfermos, por no decirles locos, locos malos, los que se creen dueños de la razón y del mundo. Quienes así actúan están equivocados. Quienes dicen: “América para los americanos”, o “que se vayan (de América) los hispanos”, ¡Ja¡, solo demuestran ignorancia, desconocimiento total de geografía, historia y cultura general. No saben ni donde están parados y son vergüenza para su propio país. El término América se lo han apropiado de mala manera, nos lo han usurpado a todos los americanos. Pues en América hay 35 países, latinos e hispanos y anglosajones. América es también hispanoamericana y latin
oamericana, según hayan sido colonizados por razas latinas o de la Hispania. América es también todo el continente, de norte a sur, desde Alaska (territorio estadounidense) hasta Argentina y Chile, incluyendo todas y cada una de las islas-países, de habla no solamente española y portuguesa, sino además, las de habla inglesa y francesa. Ya no digamos las lenguas aymará, quechua, guaraní, mapuche, azteca y otros tantos dialectos. Mas claro, ni el agua. La sigla en inglés, USA, significa Estados Unidos de América.

Americanos somos todos los nacidos en esta diversidad tan rica de idiomas, razas y culturas. Hace falta ver el mapa, estudiarlo y tratar con dignidad a las personas por lo que son, no por su país de origen, ni cuánto traen. No permitamos ni fomentemos el uso inapropiado del concepto americano o americana.

Erradiquemos xenofobia, racismo y odio que destilan ciudadanos que se creen “originarios” y por tanto, dueños de América. Estados Unidos es apenas un país más de América. Estados Unidos, no es la América. Basta de violencia y asesinato. Basta de tiroteos, atentados y matanzas en todo el territorio estadounidense y en el mundo entero.  No puede ser que esos genes de violencia, de armas, de odios estén en el ADN de una nación, antaño, la más poderosa del mundo. “La más… la más, la más…”. Ya el mundo es una aldea global, ya todos somos uno. Y uno somos todos. Yo soy americana. 

lesbiae@hotmail.com

* Escritora, Periodista Educativa-Cultural