Migdonio Blandón B.
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Comenzar hablando sobre el presente tema es, desde su comienzo, en todo concepto universal, pues se tiene que empezar hablando sobre el Padre Eterno, único Creador del universo y en general  de toda la existencia; y que por su gracia muchos tenemos fe en Él, pues sin su absoluta voluntad ni siquiera existiríamos; y que al reconocerlo lo amamos, respetamos y adoramos como nuestro Padre que es; y que al hacernos a Su imagen y semejanza nos reconoce como sus hijos.

En Nicaragua, el 23 de junio es reconocido como Día del Padre y jubilosamente en casi todos los hogares, consolidados como nuestro Padre Eterno ha querido; los  formados y consolidados, so  base estructural han logrado sobresaliente éxito en la sólida formación de nuestro país y el futuro cultural de sus descendientes; pero desafortunadamente cuando  por varias razones falta en hogares  aparentemente consolidados, la cultura y el éxito también hacen falta.

Como dije antes  desafortunadamente la paternidad no por todos es debidamente apreciada, pues ha habido y con frecuencia en la vida, hay  hombres que con irresponsable paternidad   donde pasan y pueden van dejando hijos que no les interesa reconocer; y que dichos sujetos  no  reconocen   la hombría, de dicha paternidad; de lo que algunos se  enorgullecen, por lo que en vez  de padres, más bien debería reconocérseles   como sementales de la humanidad.      

Aunque es de justicia obviar la consideración del final del párrafo anterior, supuesto que como seres humanos que somos, todos fallamos, cometemos errores y por naturaleza nos equivocamos, mancillando en ocasiones de cierta manera la paternidad, porque el ser padre conlleva, además del sentido de nuestro Padre Celestial la irrestricta responsabilidad que asume en lo general el hecho de ser padre. 

Por ello el Día del Padre, teniéndolo o no y siendo tan importante como el de la madre, es meritorio celebrarlo, como se dice: con todas las de la ley; y no solo dicho día, sino que asumirlo con la debida responsabilidad que padres e hijos deben  tener, con el intenso amor que nuestro Padre Eterno, que es todo el amor condensado, a todos con la vida nos da, no  para guardárselo uno mismo, sino  debidamente compartirlo; y vivir como Él quiere que vivamos.

Que a todos los padres presentes, ausentes y futuros el Señor colme de contagiosas bendiciones; y que  el amor que a todos nos da, sepamos compartirlo ahora y siempre.