Carlos Andrés Pastrán Morales
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Un día hermoso nacerá desde las entrañas de la mañana. Un sol saliente bello irradiando felicidad a aquellos justos que se levantan a las 6 de la mañana. Un clima magnífico y a gusto para los críticos. Nubes de distintas formas. Con personas en la calle saludando, siendo amables, siendo ellos mismos sin ninguna preocupación. 

Una ciudad particular, de muchos iguales, en donde el odio, el miedo, la injusticia, el robo y todo aquello malvado relacionado a Satanás, solo existe en memoria de los que fueron responsables de sus atrocidades.

Una tarde agitada y trabajadora, con hombres y mujeres cooperando por un mejor lugar cual habitar. La humanidad, después de tantos años por fin pudo deshacerse del poder material y comenzar a vivir la vida de manera distinta. Igualdad de género, humildad, valores vivían dentro de todos y todas, luego el comienzo de lo mejor se dio.

Industrias, petróleo, poder adquisitivo, expansionismo, quedó en el olvido poco a poco, mientras todo cambiaba en la mente de los hombres. Autos eléctricos, bicicletas; sin la existencia de CO2, el mundo, el clima, el cielo, vuelven a hacer lo que hace miles de millones de años fueron, junto con una humanidad adecuada que al mundo habita.

Circos, zoológicos, cautiverios y todo tipo de encarcelamiento de los animales desapareció. Pues la naturaleza volvió a asentarse y recuperarse después de tantos años en sufrimiento. Los árboles, los mares, las montañas, ahora están llenos de vida, sol y lluvia, una amalgama. Animales, especies nuevas, sin caza, sin más carne de animal comercializada. La naturaleza misma tendría el poder y el balance de la población de la misma vida animal.

El animal y el hombre, en armonía, un yin yang desde tiempos remotos, que ahora habitan al nuevo planeta Tierra. Justo en un mismo lugar, una misma naturaleza, respetándose.

El alimento venía principalmente de muchos de los cultivos que ahora existían de más. Pues la mayoría de las personas eran dueños de un terreno en donde cultivaban su pan de cada día, conviviendo con la naturaleza, el trabajo, la urbanidad y la complejidad de vivir en un nuevo mundo con gente nueva.

Luego, una noche cae lentamente en la nueva Tierra, fría, cálida y acogedora. Las personas terminan sus deberes diarios, y la Luna da la hora para ir a dormir. Las llegadas tarde a casa resultan ya no ser peligrosas, los acosadores y malhechores dejaron de existir hace unos cuantos años y la humanidad va en aumento.

La población fue parcialmente reducida por los grandes problemas antiguos en el planeta, contaminación, guerras, enfermedad y solo algunos sobrevivieron a un casi fin del mundo, y comenzaron a pensar mejor las cosas justas para este mundo que había sufrido demasiado, con tantos secretos, tantos conflictos, tanta corrupción.

Los presidentes vivían en sus pueblos, sin lujos, sin convenciones ridículas de cómo gobernar países, sin presidentes corruptos en los que las personas depositaban la confianza de su patria y país. Estatuas se elevan de héroes antiguos y tribales, de personajes que en algún momento trataron de hacer algún bien sobre lo mal que estaba la Tierra.

Ahora las personas viven en paz, donde cada día y cada noche parecen perfecto producto de la imaginación.

Es lo que debería ser el mundo, conviviendo los seres humanos con la naturaleza. Talvez es una utopía, un sueño imposible, una locura, pero a la vez una alerta sobre el mundo que estamos construyendo y las sociedades que estamos formando ahora, como herencia de las próximas generaciones. 

Siempre es momento para reflexionar, aunque parezca una ilusión.