Elvis González Salvatierra
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Para empezar, creo que es pertinente evidenciar las conquistas que como hombres y mujeres hemos alcanzado por el feminismo como causa social en pro de las libertades sexuales. Los logros superados por los feminismos, le han dado sentido a las rupturas de género donde la heterosexualidad es por defecto la única opción en la que las personas pueden relacionarse entre sí. 

Hablar de disidencia es estar inconformes respecto a enseñanzas y creencias que sustenta el colectivo, generalmente masculino, para mantener estables ideas falsas como la heterosexualidad obligatoria. 

En un mundo configurado en clave binaria, celebrar y visibilizar las innumerables formas de resistencia del movimiento de lesbianas, gais, bisexuales y trans, deben ser motivo suficiente para resignificar el concepto de dignidad. 

Alzar la voz y el cuerpo ante la homofobia institucionalizada con base en poderes patriarcales, forma parte de esta resignificación de poder ser y estar de manera diferente en el mundo. 

La obstrucción a la participación diversa y democrática de la ciudadanía es sustentada por premeditaciones anticuadas, influenciadas por el machismo y los fundamentalismos religiosos e impiden a toda costa el respeto a los derechos humanos del colectivo LGBT. 

Es urgente reflexionar sobre los mitos y verdades mal estructuradas que definen lo bueno y lo malo de las prácticas sexuales, a partir de esta clasificación, la sociedad ha subordinado a la ciudadanía LGBT de formas de hacer comunidad que no son ajenas a sus intereses, por ende, les ha colocado en un lugar de marginación. Estos agravantes se convierten en apología de múltiples violencias hacia personas que de manera clara han evidenciado su disidencia genérica.

La enorme valentía del movimiento de las libertades sexuales y de género es digno de reconocimiento. En un mundo donde no ser heterosexual, varón o mujer de nacimiento, es estar condenado al infierno, y no me refiero al infierno en forma simbólica como lo plantean las religiones, hablo de infiernos reales, en donde la violencia física, el abuso sexual y psicológico son pan de cada día de las personas que decidieron asumirse públicamente como transgresores de la norma sexual. 

La celebración que acontece cada 28 de junio, refleja trayectorias vitales de miles de compañeras y compañeros que han encontrado refugio en el movimiento LGBT, son cuerpos-personas que han hallado sentido en estas formas de ser y estar en el mundo y han sentado las bases de un movimiento implacable cargado de múltiples significados e historias. 

La internalización del conocimiento y de las expresiones movimientistas como las LGBT, deben ser tomadas en cuenta para la inclusión de particularidades que como colectivo social tienen, tales acciones son democratizadoras y son propias de sociedades desarrolladas como la que deseamos alcanzar en Nicaragua.

Claramente hemos decidido dejar de ser el secreto mejor guardado de nuestras familias, escuelas, iglesias, centros de trabajo, nuestra comunidad, el país. Es bueno que salgamos a las calles a mostrarnos como somos, ¿acaso pensaron que íbamos a vivir dentro del clóset para toda la vida? 

* El autor es Comunicador Social