Eddy Zepeda
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Un congreso medico desarrollado recientemente  en un hospital reconocido del país hacía mención del problema del síndrome depresivo en la población. Es inminente que ocupará los primeros lugares en próximos años, considerando factores genéticos pero sobre todo medio ambientales. Las pocas oportunidades para una mejor calidad de vida para la mayoría, versus las muchas para una minoría. La concentración del poder y la fuerza entre los menos y la ausencia del mismo entre los más. Casuísticas sociológicas pesando más que las otras.

Las alteraciones obsesivas compulsivas se identifican desde la infancia. Los llamados niños hiperactivos o con déficit atencional componen un grupo propenso a desarrollar conductas sociopáticas en su etapa de adultez de no ser tratados adecuadamente en la fase inicial de su desarrollo. De llegar a su tercera o cuarta década de vida sin un manejo integral pueden ser un peligro inminente a su entorno social, máxime cuando poseen alguna capacidad de decisión sobre las cosas o las personas. 

Quien sufre depresión se autolesiona. Quien sufre obsesion-compulsion lesiona a otros, aunque también puede hacerlo a sí mismo. La letalidad es mayor. La diferencia epidemiológica de letalidad entre las diferentes enfermedades epidémicas la define su capacidad de hacer daño, de provocar muerte o discapacidad. Un caso de meningitis bacteriana puede ser más grave que 10 de enfermedad diarreica o respiratoria. 

Haciendo analogía de los ejemplos anteriores con situaciones sociales, merece la pena no pasar inadvertido el problema vigente, aunque  sistemático,  del comportamiento alterado de un país poderoso contra naciones más débiles, militarmente hablando. Cuba y Venezuela versus EE. UU. Que se repite también en otros continentes, entre otros países pequeños y el mismo poderoso.

La obsesión y compulsión de definir quién manda y quién debe obedecer o morir.

En la especie animal se menciona al macho alfa que define su territorio y poderío, atropellando y eliminando a quienes se oponen. El león joven que persigue al viejo y menos fuerte hasta desaparecerlo para definir su reinado. La obsesión del poder supremo. La ley de la selva entre las especies inferiores. No es cierta entonces la premisa de la razón sobre la fuerza. Lo contrario ha sido siempre lo prevalente.

Venezuela y Cuba sufren agresiones permanentemente por la simple razón de querer ser naciones libres, soberanas e independientes. El poderoso país del norte, EE. UU, se obsesiona por doblegar sus cabezas. Por apropiarse de sus recursos naturales y humanos. Utilizan al resto de naciones que son parte de su servidumbre para acorralar a los dignos defensores de su libertad. Igual que el león alfa cuando acorrala y elimina a quien le estorba para alcanzar su reinado. Manosean y contaminan cualquier institución que les sirva para justificar sus atropellos. OEA, ONU y cualquier otra. A fin de cuentas, funcionan en su territorio y son dirigidas por instrumentos elegidos por sus dólares.

Para justificar tantos atropellos mediatizan la opinión pública con sus cadenas de medios de comunicación existentes en su territorio y en cada país del continente para generar aceptación y complacencia que las cosas deben ser así, porque ellos lo deciden. Actúan cual flautista de la leyenda de Hammelin, llevando al despenadero a las multitudes. 

¿Hasta cuando las cosas serán de la misma manera que hasta ahora? ¿Hasta cuándo tanta injusticia impune? La sociedad de consumo funciona como una burbuja que no permite poner los pies en la tierra y nos hace creer que mientras estemos suspendidos estamos a salvo. Más temprano que tarde el mismo sistema se encarga de pincharlas y dejarnos ir al abismo. 

Urge despertar y actuar. El hubiera no ha existido nunca. Despertemos de este somnífero letargo y evitemos la letalidad que puede provocar el insano sistema diseñado y sostenido por un grupo de megalómanos enfermos de síndrome obsesivo-compulsivo. 

Salud para todos

*Médico.