Félix Navarrete
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Mi padre afirmaba que una buena novela es aquella que nos seduce desde el inicio y luego nos atrapa en su trama con la fuerza descomunal con que un perro rabioso sujeta con su  mandíbula  el cuello de su víctima hasta matarla. 

El símil suena cruel, pero es que las buenas novelas  nos atrapan en una especie de burbuja,  despiertan nuestros instintos y fortalecen nuestra fe en la buena  literatura.  En estos tiempos en que la cultura de masas satura el mercado con todo tipo de productos dizque literarios, a un buen lector le  basta con leer la primera página de  una novela para poder valorar su trascendencia o temporalidad.

“La carne”, de la escritora española Rosa Montero, publicada bajo el sello Alfaguara en 2016, es la historia apasionante y sórdida de una venganza amorosa donde resaltan los verdaderos valores que rigen en una sociedad materialista.

La historia es digna de un buen guion cinematográfico. Soledad, una mujer atractiva y sesentona, contrata a un gigoló ruso para darle celos a su examante durante una noche de ópera donde se van a ver las caras. Sin embargo, se enamora del gigoló, quien la salva de un incidente callejero, y vive una pasión desenfrenada que secuestra su razón  hasta convertirla en una marioneta del destino. 

A partir de esta aventura amorosa, Soledad comienza a enfrentar los obstáculos de su edad. La carne envejece y la belleza tiene fecha de caducidad. Hombres y  mujeres envejecemos, pero la pasión queda intacta en nuestras mentes. El amor y el sexo son dos cosas diferentes, pero hay momentos en que ni te aman ni te desean. A Soledad le basta encender la luz para darse  cuenta que su cuerpo, antes sexi, joven  y ahora  estropeado por la edad necesita una reingeniería.   

“El foco del vestidor se  prendió sobre ella y todas sus carnes, antes aceptablemente tersas con la iluminación directa, parecieron desplomarse  de repente como sometidas  a una fuerza de gravedad 3G, mostrando hoyos, arrugas, desfallecimiento musculares”. 

En esta descripción, Montero describe el accidentado cuerpo de Soledad, golpeado por la edad y el deterioro propio que genera la vida. Sin embargo, a pesar de ese panorama desolador,  Soledad  piensa que con sus atributos, ahora menguados,  aún conserva cierto glamour que  puede  incendiar la carne de cualquier joven.  

Y para  vencer su desesperanza, Soledad lo arriesga todo con tal de conseguir lo que desea: amar y ser amada, no  importa los costos que tenga que pagar en el transcurso de esa aventura peligrosa e inusual.

Efectivamente, “La carne” podría  ser la novela que viven millones de mujeres en el mundo que al asomarse al espejo en el ocaso de sus vidas se deprimen ante el irreversible envejecimiento del cuerpo. Pero también es el drama del que no  escapamos los hombres al observarnos “un cuello pellejudo de galápago” o una protuberancia arriba de la próstata que no podemos ocultar. 

 A partir de esta historia, Montero  escudriña la doble moral que existe en las sociedades hedonistas y consumistas, donde la mujer  es valorada por  sus atributos físicos y no intelectuales, por un colectivo social hipermachista que cada vez más cree en los relativismos morales y en las leyes onerosas del mercado. 

También me gusta el  lenguaje descarnado y a veces cruel  con que escribe sus historias, como si estuviera escribiendo alguna experiencia vivida.  Pero, sobre todo, me gusta el humor irreverente y crudo que está presente en toda la historia y  que combina con maestría a cuenta gotas en cada capítulo,  ofreciéndonos intriga, tensión y emoción como ocurre en las novelas negras, atrapándonos en una burbuja de adrenalina que nos deja insatisfechos. 

“La carne” comienza  narrando la historia de una mujer que se encuentra  sola y despechada en el umbral del otoño de su vida sexual, y luego da un brusco giro para llevarnos a una subtrama donde viajamos rápidamente a los bajos fondos de la delincuencia organizada, para demostrarnos que la búsqueda del amor o de la felicidad puede llevarnos por caminos escabrosos que pueden llevarnos a lo contrario de lo queremos. La novela, al igual que las películas, tiene un final perfecto.

Invito a mis colegas escritores a leer “La carne” sin prejuicios literarios ni personales. La novela es excelente y los temas universales como el amor, la esperanza, la doble moral, y otros ya han sido abordados hasta la saciedad en novelas nicaragüenses.  Sin embargo, algo falta en la alquimia literaria nicaragüense. Nuestra novelística aún no trasciende.  ¿Por qué será? Ese es tema de otro artículo. 

Managua, 28 de junio de 2017
Email: felixnavarrete_23@yahoo.com