Carlos Andrés Pastrán Morales
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Los problemas familiares son una serie de reacciones en cadena que van de persona en persona, de mente en mente, torturando y tratando de asimilar dichos conflictos que rompen corazones humildes llenos de amor hacia tal persona. Decepción y traición existe luego, en forma de telarañas y vacío en los mismos corazones de los desdichados.

A propósitos que recientemente se celebró el Día del Padre en Nicaragua, es oportuno reflexionar, ya no sobre los buenos padres que los tenemos, los buenos y amorosos hombres que existen y que construyen familias unidas, sino a aquellos que siendo irresponsables no comprenden el enorme daño que hacen a sus hijos y por ende a la sociedad.

He escuchado testimonio de amigos en estos días de que ellos no tenían nada qué celebrar, fueron niños inocentes que crecieron viendo a sus padres pelear sin entender la razón del porqué, o los ve separándose o ve cómo pretenden hacerle pensar que todo estará bien, comprando juguetes y mimándolo, ocultando problemas que vienen desde el más allá, comparados ante cualquier locura, que a cualquiera trataría con inquietud.

El tiempo transcurre y el pensamiento de creer tener todo oculto se desvanece con el tic-tac. Las mentiras se vuelven verdades que jamás quisieran ser descubiertas. La decepción protagoniza la agonía y el pesar de los que sufren, los hijos, sin querer heredan el dolor.

Una vida tranquila y hermosa solo suele ser una pantalla de una novela mexicana de puro drama y tragedias que muchos tienen la mala suerte de experimentar, luego se aprende a lidiar con ello.

Las acciones atroces se hacen sin consentimiento y sin sensibilidad, con placer nomás solo llegan los distintos tipos de dolores que enferman y envenenan a los menores que apenas empiezan una vida inexperta.

Creen que no lo sabemos, pero en realidad somos más inteligentes que ellos. El futuro es hoy y así como todo avanza, ese mismo sentimiento de traición debe ser olvidado, cual normal es, sin embargo, para el imposible ante las situaciones que muchos viven en sus familias.

La familia es lo único bueno de verdad en esta vida, se nos dice y lo creemos porque es verdad, pero ese amor se pierde mientras traición por traición, ojo por ojo y diente por diente, mentira tras mentira, y regalos y aparatos para cerrar una tumba llena de calumnias en un cementerio de ilusiones.

Una familia disfrazada de felicidad solo hace perdurar más los sentimientos en las personas, esos sentimientos que caracterizan mal a una familia, odio, rencor, pleitos, traición, infidelidad.

Padres que creen que lo saben todo, maltratan hijos desde sus inicios creando monstruos peores que ellos mismos, así poco a poco la humanidad se llena de personas que solo ven el mal en los demás a través de ojos rojos en llamas.

O esos hijos crecen con mala influencia a sombra de las mentiras de sus padres, a través de fajazos, golpes y maltrato, crean personas tristes, sensibles con miedo al acercamiento y al amor de los demás, por no tener confianza.

Uno aprende de las cosas que le ocurren en la vida y muchos tratan de cambiar a cómo fueron tratados, o algunos son iguales a sus progenitores.

Los males padres no comprenden a veces que la forma en que están formando a sus hijos es la sociedad que también están construyendo.

Siempre es momento oportuno para reflexionar sobre el núcleo fundamental de la sociedad que es la familia.