Eddy Zepeda
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Tener acceso a una buena atención en salud en nuestro país tiene un costo alto. Existen cinco subsistemas que brindan atención de tipo curativo fundamentalmente. El Ministerio de Salud se encarga de la mayoría de población que no tiene acceso a cualquiera otro de los subtipos donde tiene que pagarse algún honorario. La gratuidad y su amplia cobertura son sus principales características. Cantidad, calidad, sistematicidad, equidad son otras variables que deben revisarse permanentemente y actualizarse sin sacrificar la efectividad por razones de costos. Podría decirse que 3 de los 4 subsistemas restantes son subvencionados, subsidiados o asumidos parcialmente por los usuarios.

Caso típico un asegurado al INSS aporta un porcentaje de su salario para su seguridad social que le garantiza: atención médica, riesgos profesionales, maternidad, subsidios, jubilación y pensión por muerte de pareja. Sin embargo su aporte mensual es utilizado para generar utilidades a la institución que lo administra a través de depósitos en bolsas de valores, préstamos para inversiones, etc. Entender ese manejo financiero no es sencillo, además que no es el objetivo de este artículo. Se ha cuestionado en últimos años la ineficiencia de este subsistema al brindar bastantes beneficios a unos cuantos usuarios considerados élites y dejado lo mínimo de beneficio a la mayoría que alcanzan casi un millón.

En el caso de los subsistemas del Ejército Nacional y del Ministerio de Gobernación (Hospital A. Dávila B. y Carlos R. Huembes como representativos) se limitan a dar atención a personal militar activo y sus familiares definiendo sus propios protocolos de manejo.

La interacción con la entidad pública se efectúa mediante intercambios muy específicos de estrategias sanitarias, epidemiológicas y de información con visión de nación. Carecen por tanto de fines lucrativos, teóricamente. Terminando con el subsistema privado cada torunda de algodón debe pagarse, no existe una gota de gratuidad de subsidio, de compensación, por mucho que quieran hacerlo parecer a veces. Está regido por las leyes del mercado de la oferta y la demanda, aun cuando la calidad muchas veces no es la deseada. Debe pagarse cara porque es privada y nada más. A eso ya la población está acostumbrada. Se paga o no se recibe.

Los protocolos europeos en materia de atención médica hablan recientemente de ciertas premisas a tener en cuenta a la hora de brindar atención en salud. Lo que no debemos hacer; es decir, evitar iatrogenias (daños que causamos los propios trabajadores de salud a la hora de atender un paciente), voluntaria o involuntariamente. Desde la forma de atenderle, la sospecha diagnóstica, los análisis y estudios a enviar, los tratamientos a prescribir, los monitoreos o chequeos para controlar o resolver su padecimiento y hasta los honorarios a cobrar y las veces que debemos hacerlo. La codependencia es un mal que no solo se aplica en adicciones o psiquiatría, sino también en nuestra forma de desempeñar nuestra labor de atención a pacientes. Citar con frecuencia indebida, innecesaria, con el pretexto de un mejor control, aumentando los costos de la salud física y mental de una persona, es también un acto de iatrogenia, de lastimar la integridad de nuestros pacientes.

Prescribir innecesariamente medicinas, análisis, estudios, etc., es también iatrogenia. No brindar educación sanitaria que pueda fortalecer la salud del paciente es también iatrogenia. No compartir las experiencias y conocimientos positivos para beneficiar a más pacientes, aun no sean atendidos por nosotros, es también iatrogenia. Esas son algunas prácticas que no debemos hacer.

Somos un poco más de 6 millones de habitantes, con un inventario médico de más de 10,000 profesionales entre generales, especialistas, subespecialistas, además de personal de enfermería, técnicos y recursos de apoyo operativo. Trabajemos en equipo multidisciplinario, aportando cada quien su conocimiento y tendremos una población saludable. Prevengamos antes que curemos. Que la meta del siglo XXI se convierta en trabajar por atender la salud y no la enfermedad.