Orlando López-Selva
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Los medios internacionales ya hablan de la recaptura de Mosul, liderada por el ejército iraquí.

Creo que si una victoria militar ahí es inminente, no es momento para celebrar. Muy seguro, algo nuevo vendrá. El terrorismo es recurrente y pandémico. Debemos, más bien, reflexionar.

Las fuerzas iraquíes y otros combatientes llegaron a la mezquita —destruida por ISIS, en su huida—, donde yace el minarete de Al Hadba.

Ahí, hace tres años el líder rebelde Abu Bakr Al Bagdadi (califa, de ISIS) había colocado su bandera negra para anunciar al mundo que estaban instituyendo un califato (organización medieval musulmana; el Estado es invención occidental), desde el cual comenzarían su guerra contra casi toda la humanidad, musulmanes incluidos.

La reconquista del minarete es una evidencia no solo de la victoria militar sobre ISIS —que aún controla únicamente Raqqa, la capital del califato— sino de la declinación terrorista de seguir intentando cambiar las fronteras del Medio Oriente.

La analista italiana Loretta Napoleoni, en su libro “El Fénix Islamista”, asegura que ISIS tiene dos objetivos. 1) reconfigurar las fronteras del Medio Oriente; con base en que si los judíos pudieron construir un Estado sobre premisas religiosas, ¿por qué los musulmanes no deberían hacerlo igual con un califato?; 2) someter a todos los “infieles” y llegar hasta Roma.
Pero la retoma del minarete simbólico, además, de ser una victoria moral, representa un triunfo para todos aquellos musulmanes que rechazan la violencia y el terrorismo.

Desde el punto de vista militar, es un logro estratégico significativo para los occidentales, vistos como enemigos a muerte por estos radicales.

Y si asumimos, con optimismo, que Raqqa quedará pendiendo de un hilo, y dados los precedentes existentes, no debemos dar por sentado que el terrorismo de tal magnitud, desparecerá.

Desde hace años, otros grupos terroristas, i.e. Al Qaeda, Al Nusra, Hezbollah, Hamás, siguen activos; y tienen sus propias métodos de lucha. Y por muy débiles que se piense están, siguen actuando y participando en uno u otro conflicto… en Siria, Afganistán, Paquistán, Libia, Yemen.

Simplemente, el terrorismo no desaparecerá del atardecer a la madrugada. Y cuando algún grupo vea mermadas sus fuerzas, encontrará las formas de actuar. El Medio Oriente es fecundo en escenarios bélicos, en cualquier época. Ahí la guerra es un modus vivendi.

Ahora, para Occidente, la cuestión es saber qué debe hacerse para ayudar a que el conflicto casi-global —ya preconizado con bastante antelación por Samuel Huntington— entre Oriente y Occidente, no llegue a extremos horrorosos e insostenibles.

Lo que ha estado sucediendo en esa zona del Asia no es producto de la casualidad. Los europeos tuvieron mucha incidencia, nada tangencial, en la demarcación de las fronteras de esos países próximo-orientales desde 1916, por el Tratado Sykes-Picot. Y esas demarcaciones, que han sido como heridas abiertas, o cicatrices supurantes, para decirlo con mayor dramatismo, deben impulsar a la ONU ―y más a las potencias occidentales― a buscar otro enfoque y una solución diferente.

No poseo la fórmula de la solución. Pero sí pienso que un conflicto próximo no debe tomarnos desprevenidos. Más bien, debemos establecer cómo se debe actuar de ahora en adelante.

Veamos algunas consideraciones insoslayables.

Mientras Israel esté en ese enjambre bélico-geográfico de adversarios de diversa denominación, cualquier crisis lo arrastrará. El problema palestino es una injusticia que debe contar con el apoyo de los judíos para su solución. Contradicción: la política israelí al tratar este asunto ha sido intransigente y desconfiada. ¿Variaría con otro gobierno en Jerusalén?

Dubái ahora ha sido acusado de apoyar acciones terroristas. ¿Esto ahora lo mete en el saco de los desconfiables?

Irán, Arabia Saudí y Turquía, actores mayores, son los más tercos en encontrar soluciones. Cada quien parece tener muchos intereses creados en cada conflicto de la región. Y asumimos (¿ingenuamente?) que Riad y Ankara son proclives a Occidente. Pero, ¿cuánto puede durar esto si los radicales socavan o hay giros de poder en esos países influyentes?

Si ISIS es derrotada militarmente, solo podría ser una victoria pírrica. Es bueno saber que se puede vencer. Pero sería, más sabio, moralmente, ver al Oriente Medio desde otra perspectiva más inclusiva y comprensiva.

La diplomacia es el único camino. No tendrá todas las soluciones, pero sí facilita la manera cómo se aborda un problema: enfocándose en ayudar, no imponer. Las acciones son más fuertes que los razonamientos. También los adversarios tienen puntos válidos, aunque nos parezcan inaceptables.

El problema yace en rechazar al diferente.

¿La tolerancia es la menos practicada de las virtudes?