Adolfo Miranda Sáenz
  • Managua, Nicaragua |
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Hace unos días el papa Francisco ofreció una nueva lección de diálogo y cercanía durante la inauguración de la sede vaticana de Scholas. Mantuvo un diálogo vía Skype con jóvenes de nueve países a quienes recordó que “todos tienen una razón de ser, un sentido”, y a quienes pidió “pensar, sentir y trabajar por el otro para evitar la elitización de la educación y la sociedad”. Scholas es una institución internacional sin fines de lucro fundada por el papa Francisco cuando era arzobispo de Buenos Aires, que trabaja con centros de educación tanto públicos como privados de todas las confesiones religiosas y laicas para desarrollar la fraternidad, la convivencia y el compartir educativo. Scholas busca el compromiso de todos los actores sociales para implementar la cultura del encuentro por la paz por medio de la educación.

El papa Francisco cumplió un sueño que puso en marcha hace 20 años en Buenos Aires. Hoy, Scholas es el movimiento estudiantil más grande a nivel mundial. Ante representantes educativos, religiosos y sociales, prestó especial atención a los testimonios que le ofrecieron muchachos y muchachas de nueve países: Italia, Colombia, Haití, Paraguay, Argentina, Brasil, México, España y los Emiratos Árabes Unidos. Tras escucharlos, y con lenguaje acogedor, incluso bromista, agradeció a los jóvenes su testimonio vital “en esta sociedad que está acostumbrada a excluir, a seleccionar, a agredir, a ignorar a otros”. Dijo que “la experiencia de Scholas demuestra que se puede incluir, dar la mano, abrazar, no agredir, porque todas las personas tienen un sentido, una razón de ser, a pesar de los peligros de una educación donde seleccionamos, elitizamos y vamos creando un grupo cerrado, lo que desemboca en egoísmo, y entonces la mano se nos va cerrando cada vez más, el corazón se nos va cerrando cada vez más, y la mente se nos cierra cada vez más. Entonces, somos incapaces de pensar, sentir o trabajar con el otro. Esa es la tentación del mundo de hoy”, dijo el Papa.

Frente a ello ofreció “los tres lenguajes: el de la mente, el del corazón y el de las manos. Ustedes deben pensar lo que sienten y lo que hacen, sentir lo que hacen y lo que piensan, y hacer lo que piensan y lo que sienten. Eso es tener unidad dentro de uno mismo, porque esta cultura del descarte también nos descuajaringa a todos”, clamó. Una cultura que “nos deshace, nos deshilacha”, y que supone “un peligro muy grande para la educación y la vida de los jóvenes: el peligro de la elitización”. “Cada vez los presupuestos para educación, en algunos países, se van acortando y se crea una elite, la que puede pagar la educación, y quedan fuera muchachos y muchachas que no tienen educación. Educación no es saber cosas, sino ser capaz de usar los tres lenguajes: saber pensar, saber sentir y saber trabajar”. “Educar es incluir”, insistió Francisco. “La verdadera globalización no es una bola de billar lisa, igual por todas partes, donde todos somos iguales, sino un poliedro, con diferentes caras, donde buscamos la uni
dad pero cada uno mantiene su peculiaridad, su propia identidad. Y ese es el desafío: buscar yo cuál es mi peculiaridad, mi riqueza, y compartirla con los demás”. Agregó: “Cada uno de ustedes tiene una razón de ser, un sentido, ¿para qué? Para dar. Y en el dar, darlo con generosidad, escuchando, dialogando, no agrediendo”. Pidió a los jóvenes “descubrir qué sentido tiene mi vida, mis potencialidades y cómo las comparto. ¿Por qué? Porque una vida que no se comparte con los otros, una vida egoísta, ¿saben para qué sirve? Para el museo. Y no creo que ninguno de ustedes quiera terminar en un museo”.

* Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com