Orlando López-Selva
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El lanzamiento sistemático de cohetes experimentales de Pyongyang allende sus fronteras, con propósitos intimidatorios, es un tema preocupante para el gobierno del presidente Xi Ying-ping.

Pero este asunto, aunque se pueda desarrollar favorablemente para los intereses de Beijing, pues pondría a su rival principal, Estados Unidos, a enfrentarse militarmente contra Corea del Norte, es un desafío moral para la mayor potencia asiática.

Nadie dudaría que las máximas autoridades del Partido Comunista chino ven bien las provocaciones del régimen de Kim Jong-Un. Todos sabemos que la convivencia pacífica es un ideal que no necesariamente encaja con los objetivos estratégicos chinos, para crecer y tomar el liderazgo mundial, sino que teniendo como aliado a Corea del Norte, se pondrían a prueba todas las capacidades de la potencia china.

Un conflicto directo, provocado por el mandatario dinasta Nord-coreano, a la vez que puede debilitar el rol global de Washington, crearía escenarios encontrados para China:

1)Pondría a Japón (el Estado asiático más intimidado por el crecimiento chino) en una posición difícil, pues sí Estados Unidos negocia, o toma acciones militares moderadas y combinadas, Tokio se sentiría inseguro -los japoneses no verían muy dispuesto a Washington a defenderlos, cuando fuere pertinente. 2) Lo mismo sucedería con Taiwán; si Washington entra en conflicto, sin importar cualquier escenario consecuente, pondría a los taiwaneses en estado de alerta, ya que haría menos probable un segundo involucramiento estadounidense -en esa misma región- para defender a otro aliado o simpatizante. Esto le daría más ímpetu a la política exterior de Beijing, hasta ahora muy determinada en defender todo lo que crea suyo en el mar de la China. 3) Si eventualmente los hechos facilitaran lo bélico, la estrategia militar contemplaría que tropas de Corea del Sur incursionaran en territorio Nord-coreano para que las acciones fueren contundentes y serias. En contraposición, Rusia y China,  movilizarían, también, tropas hacia sus fronteras con la península Coreana. 4) Cualquier acción militar que se emprenda contra Corea del Norte, implicaría una alianza mayor. Supondría que países como Japón o Canadá (¡los canucks están en la ruta del Pacífico de cualquier cohete nuclear que tire el mandatario dinástico!) u otro país asiático, estén dispuestos a arriesgarse para frenar al provocador, antes que llegue lo peor.    

Rusia también ve con buenos ojos que la provocación del heredero Kim ponga contra las cuerdas a Estados Unidos. Es más, si las cosas se salieran de las manos, Moscú está lejos. Pero haría dos cosas: reubicaría a sus compatriotas y despacharía tropas hacia el Este ruso. 

Beijing sabe bien que cualquier escenario es peligroso. Y si  atacaran Pyongyang, el dramatismo bélico obligaría a millones de refugiados coreanos a intentar alcanzar el territorio chino. ¿Cuántos se irían? ¿Quedaría la península convertida en un gran campo de batalla?

Ahí, los chinos continentales podrían perder y/o ganar mucho. Aun, al poner en alerta a su país, coquetearían con la idea de una escalada -incluso militar-  hacia Taiwán. Un escenario así pondría a India y Paquistán, en alerta roja.

En Beijing no se sienten tan deseosos de llamarle la atención a Kim por sus torpezas y amenazas militares, porque supone hacerle un mandado a los Estados Unidos, de quienes no reciben favores. Más bien deben pensar que si Estados Unidos es “la madre de súperman”… ¡que ellos resuelvan sus problemas! Y comiencen por no meterse en la región. Además, en la agenda beijinesca, están anotados los desaires de Washington: cuando se permite a la Presidenta taiwanesa hacer escala en territorio estadounidense; cuando se coquetea con el Dalai Lama, dándole reconocimientos; cuando se denuncian los atropellos que se cometen contra los nacionalistas tibetanos; cuando se apoya a la disidencia china, arguyendo defensa de los derechos humanos; o cuando en el mar de la China, naves o aviones estadounidense se pasean en el mar chino, creando roces diplomáticos.

El gobierno chino sabe que son muchos los provechos que le pueden sacar a tan solo el hecho de adoptar una posición de “ver y callar”. Y también sabe que sí puede estabilizar la región, actuando des-prejuiciadamente, para evitar un conflicto mayor. 

Pero si todo se descontrola, después será muy tarde volver a la diplomacia para tomar medidas ya no-preventivas. La guerra es ciega, huidiza y cruel, una vez desencadenada.

¿Podrá Beijing soslayar sus intereses y viejos resentimientos para mejorar el escenario coreano, a costa de hacerle un favor a su adversario, sabiendo que Washington siempre lo vive amonestando y poniéndole trabas por todas partes?   

Corresponde a China mover sus piezas. 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus