Adolfo Miranda Sáenz
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

España está entre los tres países del mundo que reciben más turistas cada año y hasta ahora los españoles estaban muy felices por eso. El turismo es una enorme fuente de dinero que promueve muchísimos negocios y fortalece la economía de un país. Sin embargo, un reportaje-documental reciente de televisión española ha revelado que está llegando a España un tipo de turistas que resultan no gratos; se trata de jóvenes —solteros o con pareja— que llegan de países europeos más fríos, como Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Francia, Alemania, etc., así como de los Estados Unidos. Es decir, muchachos (varones y mujeres) del Primer Mundo. Son jóvenes mayores de edad, pero menores de 30 años, de recursos económicos altos o medios —o sea, que llegan con suficiente dinero— y en su mayoría blancos. ¿Por qué no resultan gratos?

Según el reportaje-documental, los vecinos de las ciudades y sitios más visitados por estos muchachos se quejan de que no paran de beber licor y consumir drogas desde que llegan hasta que se van, además de que su comportamiento es propio de personas mal educadas (no es que no tengan formación universitaria o similar, que sí la tienen, sino que carecen del trato y comportamiento propio de la “buena educación”). Sus modales los hace insoportables por la vulgaridad que expresan en un comportamiento tal como subir los pies descalzos a la mesa en los restaurantes o desnudarse completamente en una playa pública que no es playa nudista. Así como la violencia en pleitos entre ellos mismos o contra cualquiera que les haga un llamado de atención, muestra de desagrado o queja. Además, algunos son racistas y actúan con agresividad contra personas no blancas. Los españoles se quejan del bullicio que arman, más propio de borrachos drogados que de jóvenes alegres divirtiéndose.

¿Por qué los admiten los hoteles, bares, restaurantes, y los toleran algunas autoridades? Aparentemente los euros y dólares que gastan estos muchachos es una poderosa razón para tolerarlos. Los propietarios de establecimientos reciben buenos ingresos y las municipalidades o ayuntamientos reciben los correspondientes impuestos. A pesar de que ese “turismo de borracheras” —como le llaman los españoles— tiene indignada a la población, aleja al turismo de familia y de personas mayores, que según el mismo reportaje es más productivo económicamente.

España es el destino ideal para aquellos jóvenes europeos deseosos de hacer “turismo de borracheras” por su clima, sus bajos precios en alojamiento y alimentación, y sobre todo por vender el licor más barato de Europa. A ellos se le suman algunos jóvenes estadounidenses que visitan Europa y se encuentran a gusto con este tipo de compañía y ambiente. Según la televisión española, a estos grupos no suelen sumársele —con raras excepciones— muchachos españoles, ni jóvenes turistas de algunos otros países, como los italianos, portugueses, los de Europa del Este, japoneses, surcoreanos, latinoamericanos, entre otros, cuyo comportamiento es más moderado, tienen buenos modales y no hacen tanto relajo como aquellos. Por supuesto que al “turista de borracheras” no le interesa conocer las bellezas del país, ni visitar sus museos, sus maravillas arquitectónicas, los centros históricos, ni conocer la cultura española, incluyendo su arte y su folclor.

Aunque no todos los jóvenes de los países originarios de los “turistas de borracheras” son así, creo que el mundo debe preocuparse de que un sector importante de la juventud del Primer Mundo, futuros profesionales, empresarios, dirigentes y políticos, estén creciendo con alto consumo de alcohol y drogas, indiferencia por la cultura, modales asquerosos y vulgaridad, con un significativo porcentaje de racismo. No conozco soluciones, pero creo que es un problema a considerarse seriamente, y evitar que ese “modelo” sea imitado por grupos de muchachos en otros países.

Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus