Eddy Zepeda
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Cada generación representa el modelo de crianza que le corresponde socialmente. Influencias de muchos tipos conforman los modelos de educación, conducta y comportamiento que desarrollarán en el periodo de tiempo y espacio que les corresponde, desde el nacimiento hasta su deceso. Las anteriores vivieron 40, 50, 60, 70 y hasta más de 90 años en este siglo.

Cada generación concibe y construye sus propios conceptos, normas y desempeños, regidos o definidos casi siempre por pequeños grupos que ostentan poder y deciden. La premisa que la mayoría manda no es más que un espejismo maniqueo. Siempre han sido las minorías con privilegios las que deciden qué hacer y qué no hacer. 

Los modelos sociales existentes hasta hoy han venido depurando de imperfecciones las reglas y normas sociales para procurar coexistencia pacífica y con normativas compatibles con lo más parecido a lo normal e idóneo, socialmente hablando. El famoso libre albedrio ha generado concepciones fuera de los límites concebidos, forzando a asumir posiciones reñidas con lo que algunos pensadores y filósofos han dado en llamar Ética y Moral, que a decir verdad, no sabemos a qué se refiere ante tantos modelos de comportamientos de grupos humanos diversos.

Dichos grupos pretenden imponer sus propias definiciones de lo que debe hacerse y no, entre lo adecuado y no, entre lo justo e injusto,  entre la verdad y la mentira. ¿Quién tiene la razón? Quien ostenta poder financiero, religioso y militar. La verdad, la equidad, la justicia y la razón no son más que eufemismos desfasados de una sociedad ideal, utópica, que no produce ganancias. A cada quien según sus necesidades y de cada quien según sus capacidades fue un intento de ciencia ficción que no creyeron ni quienes lo promulgaron. Concediendo el beneficio de la duda podríamos decir que nada más fue una buena intención. Pero, contra el monstruo verde, eso no es suficiente.

Meritorio esfuerzo de personalidades que intentan humanizar a la humanidad son vistos recientemente. Mensajes de paz, de coexistencia, de solidaridad, de justicia social que son lanzados pero que no encuentran eco. La barrera del mercado es más hermética que la del escudo antimisiles desarrollado para evitar ser alcanzados por un disparo intercontinental. Esfuerzos vanos. Gastar pólvora en zopilotes, dirían nuestros campesinos. ¿Optar entonces por conformarse con un punto de confort?.... No es digno.

Niños, adolescentes y jóvenes, ¿qué esperan de esta sociedad? ¿Qué les ofrece? ¿Tecnología, innovación y ciencia para un futuro mejor y más justo? Es probable. ¿Oportunidades iguales para todos? Muy difícil. La lucha de clases es un fantasma que todavía recorre los mundos. Unos pocos tienen  acceso a tantas cosas, pero la mayoría sigue esperando turno. Sin embargo, esa misma sociedad de injusticia social sigue ofertando a montones los flagelos para seguir manteniendo sumergidas en la miseria a las mayorías: drogas, prostitución, enajenación, esclavismo, etc., etc.

La tarea entonces debe ser la de iniciar a cambiar el chip. Fomentar una sociedad del conocimiento, donde se pueda alcanzar el máximo de educación, de cultura y virar el timón hacia rumbos más seguros, que no tengan retroceso y que permitan alcanzar verdadero desarrollo humano sostenible. A no ser más la carne de cañón, los postres de quienes degustan platos a su antojo, a no vivir de las migajas que caen de la mesa de los privilegiados.

Un cantautor mencionaba en su testimonio musicalizado que la paz solo será posible cuando no sea de nadie, asimismo la libertad y la justicia solamente serán una realidad cuando no tenga patente de nadie. Libertad con hambre y sin conocimiento no es libertad.

Salud para todos.

* Médico.