Salomón Manzanarez Calero
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Formar parte de circuitos ecoturísticos, expediciones científicas, ocio veraniego y para sobrevivencia humana son algunos beneficios que registran las lagunas nicaragüenses que en su formación durante siglos se desarrollan en zona volcánica. Todas son referencia internacional, principalmente para aquellos científicos o turistas que buscan otras alternativas para estudiar especies en peligro de extinción o vivir una aventura.

Las lagunas cratéricas son únicas. He tenido la oportunidad de conocerlas casi todas, quizá por curiosidad. Y ya no digamos las ambiciones de conocer algo nuevo por parte de turistas y científicos extranjeros esa fuerza divina - natural en donde hubo o hay fuego, también es posible que contengan agua. Agua indispensable para dar vida a miles de personas, animales y plantas. 

Más allá de las ganancias o atractivos paisajísticos, la iniciativa que promueven algunos nicaragüenses para que estas sean parte del inventario del Patrimonio de la Humanidad ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), es también la preservación de los reservorios acuíferos que garantizarán la sobrevivencia humana. Muy bien es sabido que el agua es el recurso indispensable para la vida, sin embargo se está escaseando, puesto que se le da muy mal uso principalmente en las ciudades. Casi no invertimos en su preservación.

La iniciativa es halagadora. Pero hay que seguir trabajando en coordinación con el Gobierno Central para obligar a establecer esos planes de manejo, proyectos de drenaje y alcantarillado que no afecten brutalmente, como sucedió con Tiscapa o desarrollar una vez más los planes de reforestación para que no ocurra como en la laguna de Nejapa, que se seca e inesperadamente resurge un “charquito”. 

Estos estanques guardan una riqueza única, o como bien indica el ingeniero Jaime Íncer Barquero, hay especies endémicas. La variedad de fauna en las laderas de las lagunas se ha preservado, porque existen campesinos o habitantes que han establecido comanejos con algunas instituciones u organismos con fin de sobrevivencia. No obstante, existe la amenaza permanente de los cazadores fortuitos que a pesar de tener conocimiento de la fragilidad de los ecosistemas se introducen y desaparecen lo que encuentran. 

Pero existen especies acuáticas que no han sido explotadas ni para sobrevivencia. ¡Qué bien por aquellas lagunas que no son muy accesibles para el humano! Por ejemplo, en el volcán Cosigüina solamente los osados aventureros pueden descender hasta las aguas. De lo contrario, con la poca cultura ambientalista y de conservación, estarían contaminadas o invadidas por comercio y basura como en Xiloá o Apoyo. Aunque podrían decir algunos románticos que en algunas ocasiones la gente también “busca ganarse la vida”. 

Siendo las lagunas cratéricas parte de las referencias naturales o de biodiversidad reconocidas por Unesco implica ese compartido trabajo de nacionales y extranjeros. De la aplicación de leyes, ordenanzas o algún reglamento interno que pretenda conservar el lugar. La Unesco en sus parámetros asume la importancia para que el ser humano no pierda en su entorno, la identidad local que incluye sus actividades autóctonas. Además esa identificación única del país que sirven para las generaciones presentes y venideras. 

Las lagunas cratéricas son recursos limitados, no renovables, vulnerables y frágiles ante cualquier actividad. Estas fuentes de agua sirven para la investigación de la ciencia e interacción. Son patrimonio humano.

* Comunicador social