Juan Manuel Sánchez Ramírez
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Hoy por hoy, en el imaginario colectivo de los jóvenes el acceder a una carrera técnica es sentenciar a muerte sus sueños, su futuro. Eso debe cambiar. 

La Cepal ha establecido que se requieren de 9 a 12 años de educación para entrar en el ciclo virtuoso del crecimiento. En Nicaragua la escolaridad promedio urbana es de 6.9 años y la rural de 3.1 años. Esto significa que nuestros jóvenes se están quedando a la mitad del camino educativo para la vida y para el empleo.  

La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) también indica que cada año adicional de educación para los hombres en Nicaragua aumentaría sus ingresos hasta en un 6.3% y en el caso de las mujeres hasta en un 5.7%. Imagínense el cambio que habría en la vida de los miles y miles de jóvenes si lográremos entonces que pudieran completar la otra parte del camino. Los jóvenes nicaragüenses merecen ser proveídos con las herramientas y oportunidades pertinentes para participar en nuestra economía haciéndolos elegibles para ser contratados por las empresas y autorrealizarse en lo personal como sujetos productivos de nuestra sociedad.

Otro dato interesante revelado por Funides es que “al incluir en el cálculo solo el costo de oportunidad por los ingresos no percibidos se obtiene que en promedio los retornos a la educación de los trabajadores asalariados corresponden a: 6.2% para primaria, 7.4% para educación técnica (básico, media y superior), 8.7% para educación secundaria, 13.5% para la educación universitaria y 23.2% para estudios de maestría y doctorado.” Acá tenemos la otra cara de esta moneda. 

Mientras una gran mayoría se queda a la mitad del camino educativo, el que llega no ve en la educación técnica una opción viable para el desarrollo de competencias que le faciliten su acceso al empleo. ¿Para qué habilitarme laboralmente si mi título de secundaria me retorna más que el título técnico? ¿Para qué perder el tiempo en un estudio técnico si el que en realidad me hará conseguir un empleo con un buen ingreso es la Universidad? Son las preguntas que seguramente surgen en el seno de las familias y la mente de los jóvenes para tomar decisiones sobre su futuro. 

Estimaciones de Funides indican que “para asegurar mantenerse al margen de la línea de la pobreza permanentemente, se requieren entre 10 y 13 años de estudio, en dependencia de los años de experiencia del individuo”. Eso significa que debería incrementarse la retención escolar en primaria y secundaria, y darle vuelta de calcetín a lo que hoy se ofrece como educación técnica. Con un bachillerato técnico, diseñado sobre el enfoque de competencias, los jóvenes tendrían más oportunidades para montarse en el tren de su realización personal. 
Revalorizar la educación técnica, es entonces, la clave para que nuestro país mantenga su competitividad económica en el mercado global, y le garanticemos a los más de un millón de jóvenes nicaragüenses su desarrollo humano. Nicaragua debe abordar la escasez de talento y las brechas de calificaciones de nuestra fuerza de trabajo actual.

La “certificación de competencias laborales” es lo que preparará a los jóvenes para asumir empleos, y a las empresas para incrementar su competitividad y productividad. Las empresas nicaragüenses ya nos dicen lo que necesitan y están demandando un flujo permanente de talento que esté capacitado y listo para mantener las operaciones, con la flexibilidad para cambiar y crecer a lo largo de los nuevos tiempos dominados por la tecnología. Estos tiempos exigen un nuevo pensamiento y requieren comprensión, para desbloquear las oportunidades para aquellos que están confinados fuera de nuestra economía, discapacitados por el desempleo, la pobreza y los sentimientos de frustración y desesperanza. 

El joven mismo, las familias, el Gobierno, los centros educativos y las empresas tienen un papel fundamental que desempeñar en la mejora de las oportunidades de empleo. Alinear la oferta educativa con la demanda laboral; colaborar entre centros educativos y empresas; un significativo monitoreo para mejorar los resultados académicos, y un mayor énfasis en el apoyo a la innovación mediante una reforma sistémica, son entre otras, parte de lo que podemos hacer para ofrecer empleos dignos a los nicaragüenses. 

Abogado, especialista en políticas públicas para el desarrollo.
Blog: www.juansanchezmga.wordpress.com, Facebook @juanmanuelmga