Jorge Eduardo Arellano
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Gracias al ingeniero Bayardo Cuadra Moreno, asesor gratuito y permanente de Magazine, el número 270 (junio, 2017) de esa revista dejó de incurrir en un sempiterno error: afirmar que José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra y demás miembros del vanguardismo reaccionario de Granada pertenecían al grupo de los Camisas Azules. Sin embargo, el reportaje referido contiene no pocos datos erráticos, como es costumbre de Magazine, sustentada generalmente en testimonios orales y fuentes secundarias.

Citaré dos imprecisiones: Coronel Urtecho no fue “nombrado diputado del partido liberal”, sino que integró la constituyente de 1938 como representante del pro-Somoza Partido Conservador Nacionalista. Tampoco es cierto que “posteriormente [llegó a ser] ministro de educación”. El intelectual somociano ejerció el cargo de subsecretario de Instrucción Pública (no existían aún las categorías de ministro y de educación pública) durante el gobierno interino de Carlos Brenes Jarquín (segundo semestre de 1936).

En realidad, además del granadino Grupo Reaccionario, fundado en abril de 1934, se había creado en Managua, a mediados de 1935, otro grupo somocista: los Camisas Azules. Lo encabezaban Luis Alberto Cabrales y Diego Manuel Sequeira, ambos formados en Francia; los otros seis firmantes de su manifiesto fueron J. Vicente Álvarez, Porfirio Álvarez hijo, Adolfo Fonseca, Evenor Cajina Leiva, Manuel J. Morales h. y Jacinto Suárez Cruz, secretario general. Con el exoficial GN Guillermo E. Cuadra, jefe de las tropas de choque, Suárez Cruz firmó una carta el 22 de abril de 1936 en la que describía el uniforme de la organización: Camisa Azul, con una espada roja bordada a la izquierda en el pecho, corbata y gorra del mismo color azul.

El contenido de dicho manifiesto postulaba doce proposiciones. Entre las más consistentes estaban: la organización de gremios y de profesionales en sindicatos, la concepción del ejército (“guardián de la paz y de la soberanía”), el catolicismo como baluarte de la nación, la reforma educativa en un sentido nacionalista, la reorganización de la familia, la regulación del Estado de los servicios públicos: transporte, luz, agua, mercados; una reforma agraria y otra bancaria. Se aspiraba, en fin, a “la unión de todos los nicaragüenses bajo un solo ideal y una sola bandera”, no sin creer “en la futura grandeza de Nicaragua y en su destino glorioso de nación entre las naciones de América”.

Todos los Camisas Azules se involucraron en la campaña electoral del jefe-director de la Guardia Nacional, actuando como fuerza de choque. Si casi todos los reaccionarios estaban vinculados a la oligarquía granadina, los Camisas Azules pertenecían a la clase media los menos y baja los más, pues sumaron alrededor de un centenar. Manteniendo estrechos vínculos con el ejército, sus gastos eran cubiertos por Somoza García, a quien le reportaban semanalmente sus actividades. Además de participar en manifestaciones y pegar afiches, ejecutaron dos actos violentos. 

El primero tuvo lugar el 27 de mayo de 1936, cuando los Camisas Azules marcharon por las calles de Managua entonando canciones marciales, antes de invadir la imprenta donde se editaba El Pueblo, periódico antisomocista, y destruirla, retirándose de la misma manera: marchando y cantando. La GN, en su función policíaca, llegó, vio, calló y abandonó el lugar. El asalto fue repudiado por la opinión pública, a la cual se sumó Somoza García, pero no fue investigado nada. Luis Alberto Cabrales había comandado la acción a la par de un joven identificado únicamente por su apellido: Bernheim (¿tío de Carlos Tünnermann?).  El grupo reaccionario de Granada, por su parte, se pronunció sobre ese acto punitivo, como lo calificara, mostrando su desacuerdo: “Los Camisas Azules son, al parecer, una organización para la acción directa creada por algunos jóvenes, en vista de la necesidad de una política nueva y ante los perniciosos resultados del laissez faire del actual régimen. Pero al adherirse estos jóvenes al general Somoza
, deben aceptar con absoluta disciplina sus conceptos y sus métodos. Por consiguiente, deben abstenerse en adelante de todo acto de acción directa” (Ópera Bufa, núm. 21, 31 de mayo, 1936).

Y la otra acción se dio el 30 de mayo secundando los Camisas Azules a la GN en la toma —dirigida por el jefe del ejército— del Fortín de Acosasco, en León, reducto militar del gobierno de Juan B. Sacasa. 

En fin, aunque zorros del mismo piñal somociano, los Reaccionarios de Granada y los Camisas Azules de Managua eran grupos distintos.