Bayardo Altamirano
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Quetzaltenango es la segunda ciudad de Guatemala, también conocida como Xelaju o en forma abreviada Xela. Inspiró una de las famosas canciones del hermano país, Luna de Xelaju. Es domicilio del Centro Regional de Occidente de la Universidad de San Carlos, con el cual la UNAN mantiene un intercambio académico frecuente.

Nos hermanan la geografía y los desastres, los volcanes y los temblores de tierra. No es de extrañar que intercambiemos solidaridad y apoyo universitario con el pueblo quetzalteco ante los daños causados por los sismos que son tan frecuentes, que han dañado la Catedral y algunos edificios monumentales. Recibimos amplio apoyo y vemos con agrado sus recomendaciones para reparar nuestros edificios.

Hace algunos años el Csuca convocó una reunión especializada de profesionales en diagnosticar y dar recomendaciones para la restauración de edificios. Me cupo el honor de asistir a la misma y dar el aporte de nuestra universidad junto a catedráticos de todo el istmo. Como corolario de la visita tuvimos un oportuno encuentro con los académicos deseosos por apoyar la recuperación del Centro Histórico. Supimos que está por publicarse el Plan de Ordenamiento Territorial, así como los planes y proyectos para la recuperación del Centro Histórico de Xela.

De la arquitectura de Xela es poco lo que puede añadirse a lo estudiado, investigado y publicado. Su monumentalidad es el resultado tangible de la riqueza económica que tuvo la ciudad como consecuencia del precio del café, que permitió su desarrollo en el más amplio sentido durante los años de inicio del siglo XX. La Ilustración proveyó un alto nivel educativo y llegaron profesionales y artistas europeos cuyo influjo también es notorio en otras ciudades de la región, como Totonicapán y San Marcos.

Se nota que las obras tienen influencia de criterios y filosofía masónica. En varios edificios hay símbolos de esa agrupación. De su riqueza alegórica, en términos masónicos, poco se conoce. Se entiende que primero fue la arquitectura y luego la institución que asumió los símbolos de los constructores cuya formación gremial y transmisión de conocimientos sobresale en los albores de la arquitectura occidental.

La composición del Cunog, es factor digno de analizar para aprender de una realidad tan parecida a la nuestra. La visita fue una experiencia espacial gratificante, particularmente porque en nuestro país la obra pública y la producción arquitectónica privada están en incremento. Ni qué decir, seguiremos cultivando esta excelente amistad.