Galo Muñoz Arce
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Este jueves, al mediodía, el presidente ecuatoriano Lenín Moreno anunció el retiro de las funciones estratégicas al vicepresidente Jorge Glas. El decreto surge días después de las discrepancias entre Lenín Moreno y Jorge Glas, cuyo nombre apareció en audios filtrados en caso Odebrecht. Glas se defiende de las acusaciones y acusa a la oposición de estar detrás de las acusaciones. 

El decreto 9, ya derogado por Lenín Moreno, designaba a Glas como presidente del Consejo Sectorial de la Producción y le asignaba la dirección y coordinación transversal del proceso de reconstrucción y reactivación productiva de las zonas afectadas por el terremoto del 16 de abril.

Le encargaba también liderar el Consejo Sectorial de la Producción, que coordinará políticas con los ministerios del ramo y con las secretarías de Planificación y de Educación Superior.

Y debía coordinar la formulación y ejecución de políticas, proyectos y acciones del sector productivo desarrollados por los ministerios, secretarías y entidades adscritas que formen parte del Consejo Sectorial de la Producción. 

La oposición de Ecuador se mantiene en la necesidad de un juicio político al vicepresidente de la República, quien estuvo a cargo de sectores estratégicos y estaría envuelto en casos de corrupción. Para el analista Rhon este es un asunto que debe ser aclarado. “Bien ha hecho  el presidente Moreno de tomar distancia, incluso del propio involucrado y dejar que las leyes y procesos de investigación demuestren lo contrario o asienten de lo que dicen o comentan”, sostiene.

Sin embargo, Oswaldo Moreno afirma que la posición de Glas frente al presidente no tiene espacio, poder ni el manejo que tenía con Rafael Correa. “Más que una destitución o una censura, yo creo que Glas podría terminar renunciando por la misma presión de no poder ejercer el mismo espacio que ejercía, es pura especulación”.

Diez semanas  tardó Lenín Moreno para transparentar las cuentas reales de la economía nacional. El nuevo presidente dijo al país que su antecesor, Rafael Correa, fue un gran farsante: en vez de mesa servida, lo que hay es una situación económica que Moreno calificó como crítica. Las deudas del Estado, que para Correa sumaban US$27,871 millones, ascienden en realidad a US$57,788 millones.

Esta noticia no es nueva para economistas y grandes parcelas de la opinión que, desde hace años, sabían que las cifras estaban trucadas y muchas de ellas habían desaparecido de los sitios web de algunas instituciones. Tras la gimnasia financiera, tan corriente en el gobierno de Correa, era cómodo adivinar manejos contables para ocultar o negar deudas contraídas. 

De hecho, Moreno contó que tuvo que advertir al equipo económico que, según la ley, “todos los datos deben ser veraces, precisos y de acceso público; por ello he instruido que la información esté disponible en todos los sitios web oficiales de las instituciones responsables”. En claro, tuvo que recordar a sus funcionarios que trastocar las cifras oficiales (lo que algunos de ellos hicieron con Correa) es delito.

La Revolución Ciudadana fue un gran engaño: ahora es fácil colegir que el gran milagro que se atribuyó Correa tuvo, como siempre se dijo, dos realidades: el inmenso flujo de petrodólares, producto de la bonanza y, cuando se acabó, un desembozado endeudamiento. 

Moreno se libera del yugo de Alianza País: el programa de gobierno, el mandato del partido… Todas las camisas de fuerza que el aparato correísta confeccionó para Moreno están siendo  enviadas  a la bodega. El balance económico del correísmo es tan devastador para la economía y el país que, curiosamente, libera a Moreno de ataduras seudoideológicas y lo sitúan en el mejor terreno posible, para él, en este momento: el pragmatismo. 

Moreno tiene ante sí este panorama: hacer funcionar al país, pagar deudas y proponer mecanismos para que la economía ecuatoriana crezca. Con esa tarea, todas las fórmulas le quedan permitidas. Todas, menos repetir las de Correa. Y ahora que las cifras de su gestión serán transparentes, todo el país podrá evaluar en tiempo real la eficacia de sus recetas.