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Tenía que ocurrir en menos de un año como resultado del divorcio entre el Ejecutivo y los periodistas, la médula de la política de comunicación gubernamental. Era un rifirrafe que se veía venir. Ya eran demasiadas piedras sonando en el río de los discursos oficiales, los codazos de los escoltas y las molestias de los reporteros.

Todavía recuerdo al colega Jorge Loáisiga, incluso, comentando que se mantendría al margen, porque hasta podría ser el mismo mandatario quien despuntara en alguna oportunidad, y nadie, absolutamente nadie, quería
estar en la mira de “el pueblo presidente”.

Finalmente, sucedió 22 días antes del primer año de gobierno, en el barrio “Ariel Darce”. El abuso contra los periodistas y reporteros gráficos fue planeado a todas luces, como una pieza rentable, ideológicamente, en contra de los diplomáticos presentes en el acto, y una exquisita división del gremio periodístico. “Divide y vencerás”, desde la lógica maquiavélica.

Demasiado pronto a la vista ciudadana, demasiado tarde para varios analistas políticos, y a su tiempo, para la prensa nacional y extranjera.

Me recuerdan los empujones de los escoltas de Arnoldo Alemán en aquel gobierno, me recuerdan a la seguridad del presidente Enrique Bolaños en sus mejores tiempos. Me comentan que sólo la dictadura de Somoza podría superar dicho escenario.

Una división y enfrentamiento entre los periodistas o medios de comunicación, sería el manjar perfecto para todas las intenciones del Ejecutivo, que ya tiene confrontados a quienes deberían ser sus oponentes, mantiene crisis en los poderes del Estado y sólo le falta el único poder que lo cuestiona: la prensa nacional y extranjera.

Se trata de los hombres y mujeres que con libretas, grabadoras, micrófonos y cámaras en mano, se han sabido ganar la credibilidad de la gente, y figuran con la mejor opinión pública en las encuestas, incluso, por encima del presidente, de los obispos y de cualquier organización civil.

En resumen, enfrentar a los periodistas sería el caldo de cultivo para revestir el músculo gubernamental, y la cereza del plato para tomar decisiones incuestionables. ¿Se prestarán los periodistas y medios de comunicación a cumplir la estrategia?
Sólo trato de hacer un llamado, pues el bochornoso acto de la noche del miércoles ya empezó a dividir al gremio, desde la misma decisión de publicarlo o no. De justificar o no el actuar de los ilegales agentes “azules” y la complicidad de la Policía Nacional, de estar de un lado o del otro.

Esta situación sólo debería llamarnos a la reflexión de que es necesaria la unidad de los periodistas, pero bajo la bandera de quienes escarban entre lo oculto de los funcionarios y lejos de las organizaciones que analizan si condenar el acto, aplaudirlo o guardar silencio.

Es necesario reconocer que los periodistas y camarógrafos que fueron violentados no amanecieron presos este jueves por la misma unidad de ellos, sino por el respaldo que recibieron de la población, de la queja de muchas mujeres a favor de la libertad de expresión, y de permitir que las preguntas de “el pueblo presidente” cuestionen a cualquier funcionario o diplomático.

Fue eso lo que provocó abrir las esposas que tenía Loáisiga, las que simbolizan el bozal gubernamental y el desprecio por esta profesión. Parece que es necesario que los periodistas actuemos como los transportistas y universitarios en justa y plena protesta, pues provocan miedo y respeto en las filas de los agentes de la seguridad.

Quizá se nos permita abrir un cerco o corral y hacer la pregunta que se formula el nicaragüense, si, efectivamente, actuamos a punta de pedradas, armas hechizas y machetes, otra situación que en los barrios infunde respeto ante los agentes de seguridad.

La Policía Nacional debe una disculpa, pero las fuerzas de choque que vestían de azul ni siquiera eso, porque no existen, son ilegales cuerpos de seguridad que carecen de registro ante el Ministerio de Gobernación, y deben ser castigados o, en su defecto, legalizados por decreto igual que los CPC.

¿Cuántos corrales o cercos faltarán por derribar? ¿Cuántas preguntas faltan por hacer? ¿Cuánto bochorno falta aguantar? Sólo Dios sabe, pero lo cierto es que las esposas están volviendo a aflorar en las muñecas de los periodistas, sin respuestas a preguntas que pululan en las aceras de los barrios. Tremenda bienvenida a la Ley de Acceso a la Información Pública, que entró en vigor tan sólo tres horas después del abuso.