Augusto Zamora R.*
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Países de atavismo imperialista mantienen en uso la aplicación de sanciones económicas y comerciales a países que rehúsan arrodillarse o someterse a ellos.

La imposición de sanciones es efectiva contra países débiles o cuando una economía está atada a mecanismos en manos de los sancionadores. Si no es así, resultan inútiles.

Irán fue víctima de durísimas sanciones que castigaron su economía pero, efecto no calculado, le hicieron promover su desarrollo científico-técnico, convirtiéndose Irán en el país más avanzado científicamente del mundo islámico.

Las sanciones agroalimentarias aplicadas por la Unión Europea y EE. UU. a Rusia por Crimea llevaron a Rusia a realizar inversiones masivas en el campo, generando una revolución alimentaria. Hoy, Rusia produce casi todo lo que antes importaba.

Cansados de la manipulación perversa de las finanzas internacionales por EE. UU., China y Rusia han creado sistemas alternativos de pago, destinados a sustituir al dólar.

Residuo de caducos imperialismos, las sanciones resultan inútiles e ineficaces en un mundo multipolar y plural. China, por ejemplo, ha facilitado 56,000 millones de dólares a Venezuela, para ayudarla a resistir su crisis interna.

Esas sanciones tienen, también, un fondo horrendo de maldad. Porque las sanciones  castigan a los pueblos, sin que los pueblos importen. 

También generan capacidad de resistencia, como lo demuestra Cuba diariamente.

Vivimos una era de transición. Lo nuevo no termina de nacer, lo viejo no acaba de morir. Pero lo nuevo nacerá, lo viejo morirá. Es dialéctica pura. De Hegel a Marx.

az.sinveniracuento@gmail.com