Jorge Isaac Bautista Lara
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La realidad de Venezuela se ha convertido en el resultado concreto de las incompetencias de las clases políticas; cultivadas por los egos parciales de cada parte. Es decir que se está construyendo, más bien reproduciendo, las propias deficiencias de las visiones parciales, y la poca empatía de sus líderes para con su población. Pues no es verdad completa el acusar, a como está pasando en las noticias de occidente, en que se trata de ver y hacer asumir al Gobierno de este país la culpa completa. Como tampoco resulta verdad el absolverlo de parte de esta responsabilidad.

Tampoco es verdad el colocar como víctima inocente, casta, pura y casi angelical, a la dirigencia de la oposición en Venezuela, a como tampoco es culpable del total de los hechos. Por lo que cada muerte de cada manifestante pesa con dos culpables en sus extremos: quien dispara y quien insta a otros a manifestarse de manera violenta para provocar al máximo un disparo. Dando como resultado un autor material y otro intelectual. Alguien podría disentir y decir; que es del primer lado donde existe autoría material e intelectual de manera concurrente; y quien piense así a lo mejor tenga cierta razón, tanta que le faltaría agregar que en esa forma de ver las cosas se podría también decir que del segundo lado igual concurren ambas, y en ese dilema la conclusión sería decir que en ambos lados concurren la autoría material e intelectual.

Y dada esta justa conclusión, también es justo concluir que las culpas apuntan a los dos. Por otro lado, está la sospecha de la existencia de otros intereses desde occidente; que entre las partes no se dé acuerdo alguno, azuzando cada vez más a las partes para que se destrocen. Eso es ajustado a una estrategia geopolítica que inició su aplicación en la antigua Yugoslavia, que en el lenguaje del Pentágono y OTAN se denomina “Guerra de Perros”, o “Guerra de los perros”. ¿Qué significa? Echar a pelear, a lo interno del país, a las partes en el propio país, por medio de una estrategia que induce a una oposición existente o construida artificialmente (no importa sea lo uno o lo otro), trabajando la radicalización de las partes, financiamiento, trabajo de inteligencia, choques de marchas (hacer rozar las piedras para sacar chispas), tomas de plazas y piquetes armados artificiales por ambos lados que no sepa a ciencia cierta quién es y por lo tanto se culpen entre sí; acrecentando el odio. Odio como sazón para cosechar una guerra fratricida.

Los países donde se aplicó esta estrategia: Libia, Siria y Ucrania. Las ventajas de este método es el cero de pérdidas humanas del personal militar del Pentágono y OTAN; las víctimas, las proporcionan los “perros combatientes”. Ellos solo dirigen desde fuera a distancia. La sobrevivencia o no de la oposición en el camino les vale un pepinillo, no es algo que les desvele más allá de su factibilidad de ser útiles en el proceso del conflicto. Otra de las ventajas es lo económico; entre los países con fronteras, se desata una loca carrera de compras de armas de una multiplicidad de equipos militares de tierra, mar y aire.

Algo que está pasando en la totalidad de los países de Suramérica en estos momentos. Pero el pueblo hermano venezolano debe ser más grande que sus circunstancias y manipulaciones, comprendiendo que un diálogo verdadero se construye con dos partes, no con una. Y el antecedente de este encuentro es reconocer, aceptar y asumir que el otro existe y es importante. Porque independientemente de mis querencias o no; ese otro tiene una parte de la verdad; y es parte de la población. En Venezuela ninguna parte podrá gobernar en paz si no es pasando por sentarse en una negociación para llegar a un entendimiento razonable. Acicalados por la empatía en la población que sufre; por los muertos que están pavimentando los días que pasan.

Y que son una tontería si se avizora los que resultan de una guerra interna o una intervención militar tan pretendida por EE. UU. por la avaricia sobre su petróleo. Ninguna parte está vencida: siguen existiendo. Los ejemplos de Nicaragua y El Salvador son luz de historia próxima territorial que demostraron, luego de tantos muertos, que era necesario el diálogo. Más recientemente Colombia con su acuerdo de paz con las FARC. Hoy se siente en Venezuela el miedo por las vidas que están por perderse; y los ríos de sangres que están por ver; con olor a culpa. Escribía León Tolstoi “Toda reforma impuesta por la violencia no corregirá nada el mal; el buen juicio no necesita de la violencia”.