Adolfo Miranda Sáenz
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El tema del infierno sigue siendo fundamental para la fe de 2,000 millones de cristianos, de 1,300 millones de islámicos y de 16 millones de judíos. Un tema, por lo tanto, actual. El milenario credo proclamado por millones de cristianos dice que después de su muerte natural, Jesucristo “descendió a los infiernos” antes de resucitar de entre los muertos. ¿A qué infiernos descendió Jesús?

Al traducir La Biblia, la palabra hebrea sheol, que indica “el lugar de los muertos” (indistintamente usada para sus cuerpos en el sepulcro o para su morada espiritual), fue traducida al griego como hades, luego al latín como infernum, y finalmente al castellano como infierno o infiernos. Evidentemente, sheol o hades no indican una situación de condena, pues entre los muertos hay condenados y también salvos (Hechos 2:24; 2:31; Flp. 2: 10; 1 Pedro 3:19-20, Ap. 1:18; Ef 4:9).  Otra palabra hebrea, gehenna, que designaba el lugar donde se quemaba la basura en Jerusalem y donde había fuego o brasas permanentemente, fue utilizada por Jesucristo para explicar la condenación (Mt. 5:22, 29; 13:42, 50; Mc. 9:43-48). Guehenna fue traducida al latín también como infernum y al castellano como infierno. Por eso, la palabra infierno tiene en nuestras biblias dos significados diferentes: 1) lugar donde van todos los muertos (sheol o hades). 2) lugar de condenación o, en sentido simbólico, de “fuego” (guehenna). 

El Credo de los Apóstoles resume la fe cristiana tal como los Apóstoles la enseñaron, diciendo  que  Jesús “descendió a los infiernos”, refiriéndose  al encuentro de su espíritu con los espíritus de los muertos, o sea al sheol o hades. El Cuarto Concilio Lateranense, en el 1215, definió como Doctrina de Fe que Jesucristo, después de su muerte y antes de su resurrección, fue al lugar de espera de las almas de los justos de la era precristiana que esperaban su redención. Algunos Padres de la Iglesia habían afirmado esta doctrina, como san Justino, san Ireneo, san Ignacio de Antioquía, san Hipólito y san Agustín. También santo Tomas de Aquino enseña que Cristo fue a los infiernos a aplicar a los justos los frutos de la Redención  (S. Th. III, 52, 5). El Catecismo de la Iglesia católica se refiere a esta doctrina en los párrafos 633-637. 

También la fe cristiana enseña  que existe un infierno en el sentido de condenación que Jesús comparó con el gehenna (Catecismo de la Iglesia Católica 1033-1037).  El Papa Juan Pablo II, en su catequesis del 28 de Julio de 1999, expresó: “El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría...” “La condenación sigue siendo una posibilidad real, pero no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, si los seres humanos, y cuáles, han quedado implicados efectivamente en ella.”  Juan Pablo II no dijo que el infierno no existía, simplemente aclaró que no es un lugar sino una situación, un estado, lo cual Benedicto XVI y el papa Francisco reafirman, recordándonos que, por su propia elección, hay seres humanos que viven desde ahora separados de Dios en un infierno, al excluirse del gozo eterno al cual todos estamos llamados.

* Abogado, periodista y escritor

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com