Carlos Andrés Pastrán Morales
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Se nos hace creer desde pequeños que la vida es bonita y que hay ciertas normas y valores que debemos aprender para ser buenas personas siempre. Se nos manda a la escuela desde pequeños para poder tener una preparación y tener un estímulo de conocimiento. 

Con el tiempo crecemos y nos vamos dando cuenta poco a poco cómo son las cosas y porqué a veces nuestros padres tuvieron que hacer lo que hicieron. Optamos por una carrera universitaria, o bien, trabajamos en algún lugar, o ambas cosas. Al final nos preparamos y bachilleramos, conseguimos trabajo, envejecemos, tenemos hijos, la vida tiene altos y bajos, sabemos sobrellevar las cosas, pero al final de todo, las situaciones y nuestra vida termina bien.

Pero ese tipo de vida no la tiene todo mundo, algunos tienen que aprender a vivir con complicaciones que hieren sentimientos desde pequeños, que ya de grandes y durante el proceso, son un total desastre.

Muchos tienen que aprender a vivir en pequeños pueblos alejados de la capital. En montañas con casas hechas de láminas de zinc y pedazos de madera, en la tierra, sin pavimento, ni azulejos, sin retretes más que la misma tierra donde hacer un hoyo.

Pero lo más difícil de todo, tener que vivir con unos padres agresivos, alcohólicos, que no comprenden cómo es la vida de un niño es esas condiciones. Donde, desde temprana edad, ven violencia familiar, al padre borracho pegando gritos, a la madre esconderse y no tener a dónde más ir porque no hay a dónde ir.

Con el tiempo ese sentimiento de tristeza e impotencia busca un refugio después de haber existido ocultos por dentro durante un tiempo, claro esto no siempre pasa. Y muchas de estas personas son susceptibles a los peligros que los rodean. 

Claro, ellos no crecen que las mismas visiones que una personas que tiene una familia normal. No aprenden valores, no aprenden modales, no tienen regaños, no saben lo que está bien o está mal.

A veces los que vivimos en la capital, en la ciudad, en la civilización, creemos que sabemos todo o que hemos visto todo. Acá se dice que se ve de todo y que todo es peligroso, que en cierta parte es cierto, pero se puede vivir peor y se ven cosas peores que rompen tristes corazones en lugares lejos de la civilización, en el campo.

Niños crecen viendo todo tipo de atrocidades que ya de grandes pueden llegar a ser personas que uno jamás se espera. La pobreza puede hacer que las raíces de un árbol que apenas va naciendo, se pudran. Niños pueden llegar a convertirse en ladrones, asesinos, alcohólicos, drogadictos. Niños que desde pequeños no van a la escuela porque sus padres no entienden cuán importante es para ellos el hecho de recibir educación. Niños que desearan ser sordos y ciegos cuando en su familia había problemas.

La pobreza puede hacer que algunos se puedan superar a sí mismo saliendo de las malas condiciones y teniendo una mejor calidad de vida, o puede empobrecer más la mente y cuerpo de otros, que se justifican con la misma pobreza, llegando a ningún lugar, pidiendo un poco de dinero para sustentar necesidades que solo dan pesar y tristeza.

Por eso creo que la vida en el campo necesita de nuestra atención, que se debe priorizar más educación rural, más salud, más progreso, más obras sociales para que haya oportunidades iguales para todos, para reducir al menos esa pobreza histórica que nos afecta y que los niños, que dicen son la futura generación, sea mejor que la de ahora, para que podamos tener un mejor país.