Augusto Zamora R.*
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El terrorismo islamista ha vuelto hacer presencia en España, en una dinámica fatal que se viene repitiendo en Europa desde hace más de doce años. Puede ponerse fecha: 2001.

En 2001, EE. UU. y la OTAN invadieron Afganistán, so pretexto de destruir a un régimen que amparaba al grupo terrorista Al Qaeda, causante de los atentados del fatídico 11-S.

En 2003 siguió Iraq; luego fue Libia en 2011 y, en 2013, la operación criminal para destruir Siria, organizada por EE. UU., Arabia Saudita, Turquía e Israel.

EE. UU. lleva tiempo publicando un informe anual sobre terrorismo en el mundo, informe cuyas cifras dan mucho más para pensar que cualquier análisis sesudo sobre el tema. 

El informe de 2002 registró 198 atentados con 725 víctimas mortales. El de 2004 contabilizó 651 acciones terroristas y 1,907 muertos. El de julio de 2017 reportó 11,072 atentados, 25,600 muertos y 33,800 heridos.

Según los informes, desde 2002 el terrorismo se ha multiplicado exponencialmente, siendo casi todo de índole islamista, como islámicos son los países invadidos por EE. UU. y sus socios atlantistas.  

Hay una relación causa-efecto entre guerras de agresión de la OTAN y atentados islamistas. Lo dicen sin decirlo los informes del Departamento de Estado.

Las mayores víctimas son los propios pueblos invadidos. En 2016 hubo atentados en 104 países, pero el 55% de ataques ocurrieron en cuatro, que sufrieron el 70% de victimas: Iraq, Afganistán, Paquistán y Siria. Todos, territorio usurpado por la OTAN. Huelgan los comentarios.

az.sinveniracuento@gmail.com