Bayardo Altamirano
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No se necesita haber estado en la Ciudad Condal, con solo ver fotografías y videos uno se percata de la belleza de Barcelona. Para los amigos de la cultura son admirables las realizaciones arquitectónicas de Gaudí. Entre otras una catedral preciosa.

Ahora vemos con inmensa  tristeza que ha sido golpeada por el terrorismo. Antes los que abusan el nombre del islam, había golpeado Madrid en 2004, dejando tendaladas de muertos en una serie de explosiones en los trenes. Fue un 11 de marzo que no se olvida. Las fuerzas de seguridad y de inteligencia demuestran a estas alturas mucha eficacia, fruto de la dura experiencia  vivida. Una organización que ha sofisticado sus métodos de prevención y trabajo policial. Pero el mundo se encuentra frente a un terrorismo difícil de parar que imposibilita garantizar la seguridad ciudadana, en una realidad compleja en la que las organizaciones terroristas no están integradas por miembros claramente identificados, sino que se nuclea en una ideología agresiva y dispersa que fanatiza a individuos que se radicalizan en silencio, actúan por su cuenta y causan innumerables víctimas en atentados sin usar armas convencionales.

En la mentalidad yihadista, España es aún Andalucía, un territorio arrebatado por el Cid Campeador al gran califato que el Estado Islámico sueña imponer al mundo. Los terroristas justifican ataques violentos con el intento de recuperar Al-Andalus. 

España es punta de lanza contra el terrorismo y esa realidad alienta un resentimiento basado en la afinidad de España con Gobiernos que impulsan políticas agresivas en territorios musulmanes. La interpretación común de la barbarie es que se trata de una venganza por la participación de España en la invasión de Irak.

Este ataque era previsible. Barcelona es una ciudad con una gran concentración humana, llena de turistas estadounidenses. Las relaciones entre España y Cataluña están en máxima tensión por la aspiración secesionista del pueblo catalán, independentista lo que añade a la situación  caótica que no existe en ningún otro punto de España. Es imposible saber si este factor importa a los yihadistas y es probable que no sea determinante de la decisión de llevar a cabo estas acciones, pero desde luego complica la coordinación política a la hora de dar una respuesta articulada. Con todo ante el desarrollo de los acontecimientos, castellanos y catalanes han apartado sus diferencias para condenar los hechos y socorrer a las víctimas. La solidaridad del mundo no se ha hecho esperar.