Orlando López-Selva
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El reelecto primer ministro iraní Hassan Rouhani dijo hace poco: “Si Estados Unidos [les] sigue imponiendo sanciones, nos vamos a retirar del acuerdo nuclear que firmamos hace dos años con Occidente”.

Contundente. Preocupante.

Mi punto: 1) la diplomacia de Washington no tendrá los resultados esperados por los halcones de línea dura; 2) si Teherán se alejara del acuerdo nuclear, laboriosamente trabajado con Occidente, la situación en el Oriente Medio se pondría peor; 3) Israel se justificaría procediendo  militarmente frente a Irán; 4) existe un relativismo moral global que exige otros enfoques.  

¿Cuánta libertad tendrá el régimen de Teherán para fabricar armas nucleares y lanzárselas al Estado judío? 

Israel va a brincar y no va a volver a confiar en los buenos (¿o ingenuos?) acuerdos diplomáticos occidentales. 

Volveríamos al punto donde estábamos hace tres años. ¿No se avanzó? ¿Fue una postergación calculada?

Benjamín Netanyahu espetará: “¿Qué les dije yo?”.

Las amenazas nucleares se intensificarían. 

Washington impuso sanciones a Irán aduciendo que este país ha estado financiando actividades terroristas. Y siendo el mayor enemigo de occidente en Medio Oriente, no le ayuda. Y desde hace 37 años, Washington y Teherán mantienen una guerra de baja intensidad.

Estas son cuestiones muy ambiguas que solo la diplomacia multilateral tiene la suficiente sabiduría para discernir y diseccionar debidamente. 

Lo peligroso es que si Teherán se sale de los acuerdos,   volveríamos a otro escenario de alto riesgo de conflicto nuclear.

¡Caramba! ¡Qué difícil está el mundo!

¿Por qué no dejarles estos asuntos al Consejo de Seguridad? Ellos discutirían medidas consensuadas. No se puede estar poniendo en peligro la seguridad global. 

Y acá, tanto Rusia (el mayor poseedor de armas nucleares) como Estados Unidos, China, India, Paquistán y Corea del Norte deben abocarse a no esgrimirlas en cuanto se vean en problemas o crisis con otros Estados.  

Lo triste. Aunque se eliminen, siempre habrá quien las fabrique en un remoto laboratorio. O recurrirían al uso de armas químicas o bacteriológicas. 

En cuanto a que Washington se las esté viendo prietas con los conflictos alrededor del mundo, es porque, habiendo tantas crisis globales, no se pueden manejar los asuntos internacionales sin diplomacia de alianzas o multilateral. 

Los generales… que mejor se queden en sus cuarteles puliendo sus botas.  

Está clarísimo que Irán no comparte intereses o valores con Occidente. Es cierto. Pero ―si no se puede coincidir plenamente con naciones de culturas lejanas― ¿por qué no buscar con estos una agenda mínima de puntos comunes con los intereses y valores occidentales?

No pretendo poner en un mismo saco a regímenes opresores y a aquellos de cultura diversa.

Hago la salvedad: las tiranías opresoras y los regímenes autoritarios se acogen hipócritamente a principios como el de la autodeterminación y de la soberanía de los pueblos para justificar sus barbaries.

Los pueblos que digan que se sienten bien siendo gobernados por quienes detentan el poder sin freno alguno, mienten o son ignorantes.

Las dictaduras son males sociales que van más allá de las culturas o los credos religiosos. El riesgo es que esto se vea bajo el  relativismo ético. ¿Es posible aún construir un sistema de  valores universales?

El punto acá —rayano con la soberanía— es que Irán hace lo que cree y quiere. Pero en ese creer y querer pretende aniquilar a Israel, aliado occidental, y tierra venerada por nuestra cultura  judeo-cristiana.

En el plano internacional, no nos puede parecer simpático un Estado X, pero ello no nos da derecho para quererlo destruir. Y ese elemento falta: tolerancia para convivir pacíficamente con otros Estados diversos.  

En política, la diversidad permite a los políticos desarrollar habilidades para negociar o concertar con adversarios. 

Y si Irán se desentiende del acuerdo de 2015, (justificadamente o no) abriríamos otro cofre de malos presagios.

Los que adversen mis argumentos dirán que Wa-shington no es quien, para imponerle sanciones a nadie. Hay un segundo cuestionamiento: ¿quién les pone sanciones cuando ellos no se comportan? Válido. 

Pero, ¿cómo le decimos a alguien que respete a los que le son  antipáticos, y que abandone sus propias concepciones del bien o del mal, si en el ordenamiento internacional que queremos construir, el derecho internacional establece normas de convivencia pacífica?

En Occidente, nuestros razonamientos, se alimentan de la filosofía, la política, el derecho, la economía, la administración. En otros países todavía se nutren de credos religiosos; por tanto, son vistos como superiores al lucir imbuidos de divinidad. 

¿Cómo fomentamos convergencias?

¿O hay que ver buscar el enfoque para ver estas divergencias?