Eddy Zepeda
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La denominada epidemia del siglo XXI es ya una realidad y no una simple conjetura del continuum del envejecimiento, a nivel neurológico.  Llegar a viejo (tercera edad) implica casi una verdad absoluta: decidir por dos caminos: A) neuropsicológicamente normal, o, B) con deterioro cognitivo mayor (Mal de Alzheimer).   

Desde el 2010 se definieron mundialmente las  7 Medidas de Prevención para retardar o evitar las consecuencias del envejecimiento o daño cerebral, que como cualquier órgano o sistema del organismo sufre las agresiones propias medioambientales y/o genéticas: control del sobrepeso/obesidad, control de la presión arterial, control de los lípidos (colesterol, triglicéridos), control de la glicemia, actividad física regular, actividad intelectual constante y evitar tóxicos (como alcohol, tabaco u  otras adicciones).

Pintar, dibujar, leer, armar rompecabezas o sudokus, aprender idioma distinto al nacional, socializar y meditar de manera regular son parte importante de las denominadas terapias no farmacológicas (TNF), con evidencia de no inferioridad en relación con las terapias farmacológicas (medicamentos) cuando se han hecho estudios comparativos, además de ser de menores costos económicos.

Decidir el inicio o fin de las diferentes terapias se ha convertido en un dilema clínico, económico y hasta ético. Las terapias complementarias o medicamentosas son de costos elevados. Más de US$1,000, en países de ingresos bajos, deben invertirse mensualmente para procurar garantizar un poco de calidad de vida a pacientes, familiares y cuidadores.

Empíricamente se conoce que más del 65% de familias asumen los costos, desde el diagnóstico hasta la fase final (6-8 años promedio de vida del paciente afectado), y el resto satisface sus necesidades con respaldo institucional (INSS), o de organizaciones filantrópicas, que a decir verdad, pocos de las llamados ONG sin fines de lucro apoyan programas o proyectos dirigidos a población de tercera edad. Irónicamente… ¡dejaron de ser rentables!  

Como se mencionó al inicio del cuarto párrafo de la presente reflexión, la decisión de iniciar la terapia farmacológica es  tomada casi de manera tardía, cuando ya la sintomatología y evolución de la  enfermedad han progresado. ¿Por qué? Porque llegar a un diagnóstico certero o al menos cercano implica evaluaciones y análisis costosos (evaluación neurológica o psiquiátrica, análisis moleculares y de imagen, dentro del protocolo definido por las asociaciones de neurociencias), luego de eso, asumir los costos de los diferentes fármacos aprobados para el manejo de las diferentes sintomatologías representa una barrera para la mayoría de familias de bajos recursos económicos (más del 65%), y casi necesariamente, costear el apoyo de cuidadores que compensen la carga que significa las llamadas 24 horas al día con el paciente para evitar el denominado fenómeno del síndrome del Burnout, que literalmente funde o quema al familiar cercano que convive diariamente con el afectado. Acertadamente se simboliza la enfermedad 
con la imagen de Sísifo con la carga subiendo una cuesta. 

Habiendo avanzado el proceso, la decisión de poner fin a las terapias (retirar las medicinas y dejar de fatigar con las terapias conductuales, de reminiscencia, de socialización, etc.) se vuelve un dilema bioético más que económico. Las contradicciones de tipo religioso o idiosincráticas amenazan a las familias. ¿Dejar de hacerlo significa dejar de querer al enfermo? ¿Priorizar los costos por encima de la calidad de vida del paciente es justo? Etc., etc. Por otro lado, el punto de vista de las instituciones sanitarias: ¿merece la pena seguir invirtiendo en casos incurables? ¿No es más justo derivar dichos recursos financieros a poblaciones de mayor vulnerabilidad como niños y mujeres?, etc., etc.

La mayoría de países europeos y norteamericanos suspenden terapias en las fases severas, puesto que la relación costo-beneficio lo justifica. Fortalecer y continuar medidas no farmacológicas y de apoyo a familiares y cuidadores quizás sea más provechoso. ¿Qué piensan de eso las familias con pacientes? Es importante considerar sus puntos de vista, como afectados directamente.

Estamos a tiempo de prepararnos mejor para enfrentar ese tsunami anunciado.

Salud para todos.

* Médico.