Augusto Zamora R.*
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Una tabla de arcilla, encontrada en las ruinas de Babilonia a principios del siglo XX, fue descifrada hace poco, provocando asombro en la comunidad científica mundial. 

La tabla, datada entre 1822-1762 a. C., contiene la tabla trigonométrica más antigua y exacta del mundo. Se demostraba que fueron babilonios quienes inventaron la trigonometría, mil años antes que en Grecia. 

El descubrimiento hace recordar que las culturas humanas surgen de la interrelación de unas con otras. Gracias a esa interrelación se ha construido  un conocimiento universal.

La notación numérica usada hoy surgió de sistemas de numeración hindúes existentes desde el siglo VI d. C. Perfeccionado por los árabes, estos lo llevaron a Europa, donde fue adoptado rápidamente en sustitución de la numeración romana. 

El sistema romano era práctico para sumas y restas, pero limitado para divisiones y multiplicaciones. Tampoco conocía el cero, lo que lo mantenía atado a la simplicidad.

El cero fue invento mesopotámico, de donde pasó al Indo y del Indo a los árabes (los mayas también inventaron el cero, pero la desaparición de su civilización lo hizo inútil).

No hubiera habido Renacimiento en Europa sin las escuelas de traductores árabes, en Bagdad, Toledo o Córdoba. Traducido al árabe y del árabe al latín, el conocimiento griego antiguo se hizo accesible a los estudiosos europeos.

En su esplendor, la cultura islámica produjo los mayores matemáticos del mundo. A ellos debemos álgebra y algoritmos. El conocimiento humano es suma de civilizaciones.

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