Orlando López-Selva
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El 23 agosto, el diario The Times of Israel informó: “Netanyahu [el primer ministro israelí] se reúne con Putin en Sochi, Rusia para compartir información de inteligencia secreta sobre la amenaza de Irán”.

Mi punto acá es: 1) que Israel, independientemente de su alianza con Washington o la UE, ejecutará sus acciones diplomático-militares para contrarrestar al régimen iraní; 2) el encuentro con Putin refleja que Jerusalén, está viendo con ojos diferentes al líder del Kremlin, porque las erráticas políticas y el vocabulario desentonado del presidente estadounidense, Donald Trump, están dejando en ridículo a Washington, y; 3) Putin sí sabrá sacarle provecho a esto.  

En el encuentro, el jefe del Gobierno judío le dijo básicamente tres cosas a su homólogo ruso: 1) “…al sacar del juego a ISIS, en  Siria, se ha creado un vacío --este vacío lo ha llenado Hezbolah”, grupo terrorista y aliado fiel de Irán; 2) “Irán está en una fase avanzada para apoderarse de Iraq y Yemen, y, en efecto, ya controla Líbano”; 3) “…el objetivo final del régimen de Teherán es tener control de un territorio en arco (un corredor) que los lleve desde Irán hasta el Mediterráneo…”; y que los conecte a Hezbollah. 

 Los israelíes tienen una política exterior de osadas embestidas. Se comportan, como toda una potencia. Como viven rodeados de enemigos (¡son una democracia en guerra!), han aprendido a confiar en el poder “disuasivo” de sus acciones militares. 

Habrá que ver que si esta ofensiva jerosolimitana causa contagios (¡cosa que les importa poco a los judíos!). ¿Hará que los demás regímenes no-chiitas de la región --encabezados por Arabia Saudí, enemigo de Teherán-- se sumen para frenar a Irán?

Por su parte, el régimen de los Ayatollahs hace lo que cree, debe ser: 1) quiere sacudirse: desde 1980 ha pasado por guerra, embargo, sanciones, y ahora vive maniatado, bajo sospechas; 2) Irán está rodeado --salvo pequeños bolsones de grupos chiitas-- de países suníes; 3) estratégicamente deben pensar que siendo ellos adversarios de Occidente, e Israel es el aliado del Oeste (ahí cerca), el Estado judío es --coloquialmente-- una piedra en el zapato (¿Y por qué respetan a Jordania, si su rey es pro-occidental?); 4) para impulsar su política exterior, Teherán necesita fortalecer y proyectar su liderazgo rezagado, y las sanciones económicas que padece, lo debilitan para enfrentarse, directamente, a sus enemigos; 5) Rusia, aunque adverse a Estados Unidos, no puede ser visto con confianza, porque es más cercano a Siria (sunita), y en ese conflicto, Teherán y Moscú, indirectamente, se han enfrentado.

Obviamente, el viaje de Netanyahu a Sochi es parte de una diplomacia para curarse en salud. Es para justificar sus próximas acciones e informarle a Moscú, que si lo ven incursionar por ahí, es porque andará detrás de otros, no de los agentes rusos.

Pero, como había dicho en mi artículo anterior, cualquier distanciamiento del régimen de Teherán del acuerdo diplomático sobre el uso pacífico de energía nuclear, firmado con Occidente en 2015, dispararía, ipso facto, las alertas israelíes para comenzar a reactivar su plan diplomático-militar.

Lo previsible es que Rusia reaccione sintiéndose complacido. En la medida que tirios y troyanos le informen, gana respeto. Y se sabe más empoderado para dar opiniones, incidir, o restringir a los involucrados. O, simplemente, observar con agrado, cómo una situación inesperada encaja, ventajosamente, en sus estrategias u objetivos.  

Además, las potencias controlan todo (cuando menos, están bien informados). Y si actúan hacen que solo sus pares se alerten. (Los pequeños no los intimidan). Y lo que más les conviene es que otros hagan el trabajo sucio por ellos. Es estratégico y más inteligente: no gastan  recursos (humanos o materiales), se exponen lo menos a críticas o reproches, y se sientan a esperar.  

Queda clarísimo. Netanyahu ya está dando los primeros pasos. Y tiene un plan completo en marcha que comienza con una diplomacia de cabildeos y advertencias. 

Irán solo debe ser cauteloso. Tiene pocos aliados: Azerbaiyán, Bahréin, Irak, Líbano. (Por afinidades mixtas: religiosas e/o ideológicas.  

En cambio, Israel, cuyos mayores aliados tampoco están cerca, sí confía en su olfato y experiencia acumulados para enfrentarse, con todo, a sus enemigos; en su capacidad de alerta y poder militar; y sabe que sus poderosos recursos tecnológicos de punta no los tiene que pedir a nadie. Ellos mismos los fabrican.

Si se agravare este escenario, ¿Quién podrá detener una debacle? Parece que el Medio Oriente es un confuso escenario de aturdidos actores escatológicos. 

Ahí, la diplomacia es un rehén amordazado.