Jorge Isaac Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
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En la ideología de género se parte de datos  dolorosos, para luego manipular cifras, focalizando noticias y análisis solo en el punto que ellos desean inocular, ocultando realidades mayores y más completas. Así trabajan y deforman la opinión pública.

Tratándonos como tontos útiles para lograr sus objetivos y financiamiento. Contemos el caso de un país, entre tantos ejemplos citables, para cotejarlo con nuestro país, y observar “raras similitudes”, que ocupan como estrategia para lograr un mismo fin como es persuadir a la sociedad de la justeza de la ideología de género; un trabajo mediático y oportunista permanente, que va formando en el colectivo una forma de percepción de “crímenes de odio” por razón de género.  

El caso de Perú entre 2013 y 2016 (4 años), fueron muertos 38 homosexuales. Un dato cierto. Pero los encargados de promover la ideología de género manipularon los datos y denunciaron  “38 crímenes por homofobia” en una sociedad machista y patriarcal; sin más aclaración. Hicieron entrevistas, marchas de protestas y solidaridad, etc. Es decir, hicieron acto de presencia y existencia en las calles que legitimaran sus causas, aprovechando la cresta de las olas de las circunstancias.

¿Cuál era la información completa y verdadera?  Los datos decían otra cosa: de las 38 muertes, 20 fueron por sus respectivas parejas por asuntos de celos u otra causa; 18 fueron por robos: resistirse a un asalto la víctima y lo mataban.

De manera que no existía un solo caso de muerte por homofobia  ¿Cuál fue el contenido de la propaganda que hicieron? Que las muertes habían sido “odio por su orientación sexual”, creando y construyendo de esa manera una “heterofobia”, por la intolerancia de los heterosexuales (hombre y mujer). En Nicaragua está pasando algo parecido, un hecho real y extremadamente doloroso: la muerte de Karla Rostrán, cuyo cuerpo fue encontrado sin su cabeza.  

Las presunciones están dirigidas a su antiguo compañero de vida, padre de sus hijas, con antecedentes alcohólicos. Ese es el dato real, sobre el que la Policía trabaja en sus investigaciones. “Dolidos” por este hecho han salido, de manera oportunista, los gremios de ideología de género a protestar y “pedir justicia” por las 38 muertes que engloban irresponsablemente en femicidios, inoculando en su propaganda “crimen de odio” contra las mujeres.

Una campaña mediática que trae entre las consigna: “Nos están matando”, “La autoridad calla y la sociedad apaña”, “Ni una menos”, “No a la violencia de género”, “No al machismo y cultura patriarcal”, etc. Pero ¿cuáles son los datos reales y qué otras realidades dan en su conjunto? El comisionado Francisco Díaz ha dado siguientes datos: del 1 de enero al 15 de agosto el número de mujeres con muertes violentas era de 34 (no 38). De ellas: 14 femicidios, 11 asesinatos y 9 homicidios.

Sabiendo que de 14 a 38 se dista más del 250%. Pero el asunto va más allá. Resulta que en este mismo periodo, en relación a 2016, ha disminuido en 48 muertes  violentas (275); este año es de 227. De esas 227 muertes, 34 corresponden a mujeres y 193 de hombres. ¿Por qué se invisibiliza el dato? Sigamos las comparaciones: de las 227 muertes violentas, femicidios son 14.

Saquen ustedes el porcentaje a cuánto equivale el porcentaje de 227. En una de las entrevistas que se hizo, en un diario local, a una de las dirigentes de los gremios de ideología de género sobre qué opinaba sobre las muertes violentas de hombres; minusvaloró y ridiculizó estas muertes a grados lamentables, dando entender claramente que no era de importancia el dato de muertes de hombres.

Sabiendo que hombre y mujer son seres humanos. Se sabe que estas marchas son fotografiadas en los ángulos donde están sus dirigentes y remitidas  a organismos y países que les financian para justificar y demostrar “su lucha”.

El caso de Karla Rostrán es un caso profundamente doloroso; hijas que han quedado en la orfandad, la madre de la víctima, la misma madre del supuesto autor. No existe ser humano que no se haya sentido tocado en lo profundo.

Pero resulta increíble el oportunismo mediático, de objetivos graduales, que los gremios de ideología de género capitalizan bajo cualquier circunstancias para inocular la “lucha de género”, “el odio a las mujeres”; el desprecio “al macho”.

Es tanta la frecuencia de propaganda que muchos salen creyendo. Una campaña tan efectiva que en la calle es común ahora oír hablar de “crimen de odio”. Decía Mark Twain: “Es más fácil engañar a la gente, que convencerla que ha sido engañada”, diríamos manipulada. Esto es el “arte de manipular” datos y realidades, para construir su visión de política de género.