David Otero Mendieta
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Hace falta un sistema de información, planificación, seguimiento y evaluación de la educación técnica y formación profesional en Nicaragua. Otros países de América Latina y el Caribe ya han iniciado su  diseño e implementación, estableciendo premisas importantes como las siguientes:

-Funcionamiento de una Comisión Intersectorial integrada por los rectores del sistema educativo nacional, empresarios y trabajadores.

-Existencia de planes estratégicos o planes maestro de educación a mediano y largo plazo con base en el concepto de gestión por resultados vinculados a planes de desarrollo nacional y/o locales.

-Articulación de un marco curricular pertinente con las poblaciones y demandas respecto a ocupaciones y las habilidades laborales que se necesitan desempeñarse con efectividad en determinado puesto de trabajo.

-Empresa privada e instituciones del Estado comprometidas con la alianza público-privada, que permita ofrecer espacios, tecnologías e instrumentos que vincule la teoría con la práctica.

Los nicaragüenses podemos construirlo y echarlo a andar. La necesidad de que el país emprenda hacia nuevos derroteros de transformación productiva e innovación tecnológica, nos impone aprovechar las oportunidades de diálogo, alianzas y consensos, promovido por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional. 

Hemos despegado, pero con desafíos a superar. No basta que el 96% de la población económicamente activa aparezca en las estadísticas como ocupada, cuando también, aproximadamente solo el 21% pertenece a los asegurados activos en el INSS.  Las 21 ofertas de formación técnica en los sectores industria y comercio; comercio y servicio; agropecuario y forestal es diferente a como hoy se están organizando los sectores de la economía: agroindustria y forestal; servicios externalizados; agronegocios; manufactura ligera. Existen niveles educativos desconectados entre sí: educación media (secundaria primer ciclo, de 7mo a 9no grado y segundo ciclo, de 10mo a 11mo grado) con bachillerato técnico; técnico general; técnico especialista y técnico superior. Las necesidades de formación en el campo y la ciudad no logran ser satisfechas con ofertas formativas contextualizadas. Se conoce de 1,985 edificios escolares que ofrecen educación secundaria autorizados por el Mined, 43 centros tecnológicos del Inatec, 150 centros priva
dos acreditados por el Inatec y 10 instituciones de educación superior pertenecientes al CNU, pero esta información se encuentra desagregada, según cada subsistema educativo, que podría estar duplicando u ocultando matrícula.

Se estima aproximadamente que 360,000 jóvenes se matriculan en centros de educación secundaria, 150,000 en centros de educación secundaria de jóvenes y adultos, 36,000 en centros que ofrecen carreras técnicas del Inatec y 300,000 en formación profesional (capacitación) y 9,000 en centros universitarios que ofrecen educación técnica superior. De estos 855,000 jóvenes y adultos, ¿cuántos egresan cada año de sus distintos programas de formación con habilidades técnicas y preparadas para su emprendimiento en el mundo laboral? ¿Cuántos permanecen en trabajos decentes y son parte de los nuevos asegurados activos en el INSS?.

Resulta un desafío estimar indicadores de acceso y cobertura en estas entidades educativas y su posterior inserción laboral, entre otros factores, por su compleja organización en que se presentan las horas que están programadas en cada oferta formativa, tanto en habilitación laboral de jóvenes y adultos en educación secundaria, distintas modalidades de capacitación en educación técnica y el tiempo que tienen programado los distintos niveles de educación técnica (básico, media y superior). De 100 a 4,200 horas de clase declaradas en los distintos itinerarios formativos es una tarea pendiente a equilibrar pedagógica y didácticamente, así como a calibrar desde la evaluación de los aprendizajes, que permita su coherencia y consistencia entre cada oferta formativa y con las habilidades que demanda una inserción competitiva en el mundo laboral y sectores productivos.

Además, de no darle el seguimiento a los egresados, aún no se cuenta con un sistema de evaluación de los aprendizajes que muestre resultados de lo qué están aprendiendo y cómo aprenden las personas que se están formando en una carrera técnica y conecte esta información con la toma de decisiones oportunas y efectivas para dar un paso revolucionario hacia la creación y fortalecimiento de empleos dignos de jóvenes y adultos en Nicaragua.

Para salir del estancamiento de nuestra productividad, ampliar nuestra base exportadora y nuestra demanda interna, y no hacer del dato un número ficticio, requerimos un  knowhow que sea parte y  valor agregado de un modelo de educación técnica y formación profesional (ETFP) con su sistema de información, planificación, seguimiento y evaluación al alcance de todos. ¡Lo podemos construir!

* El autor es consultor en educación.