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No es mi pretensión aquí analizar los causales de la pobreza, pienso que sobre este tema se ha escrito demasiado, ingentes cantidades de recursos se han “invertido” tratando de calcular, identificar y medir la pobreza y todo un “ejército” de profesionales contratados por organismos nacionales e internacionales han convertido a los pobres en la “industria más rentable”.

No obstante, son pocos los estudios de pobreza que han analizado el fenómeno del populismo como un factor generador de pobreza y la razón es obvia, las políticas populistas resultan muy atractivas para las grandes masas, Peter Senge, autor de la quinta disciplina, plantea que las “repuestas fáciles y obvias serían menos seductoras si no dieran resultados en el corto plazo”.

Generalmente, las soluciones de corto plazo o asistémicas implican un paréntesis entre el beneficio de corto plazo y el perjuicio de largo plazo, a esto se le llama “realimentación compensadora” lo cual sugiere que las medidas populistas que tradicionalmente se instrumentalizan para generar clientela política tienen un efecto “reforzador inmediato”, dado por la satisfacción de la persona pobre que recibe el beneficio y el periodo en que opera la “realimentación compensadora” es decir, cuando quien recibe los beneficios de corto plazo sufre las consecuencias de la ineficacia gubernamental en el largo plazo.

El camino fácil te lleva al mismo lugar

Ahora bien como consecuencia del populismo se va creando una cultura de dependencia, la cual sugiere que las personas estarán menos dispuestas a ser creativas e innovadoras y por lo tanto menos propensas a solucionar sus problemas de manera fundamental, el resultados más “perverso” de las soluciones de corto plazo es el nivel de dependencia que crea a largo plazo, esto se produce porque las soluciones mal concebidas que ofertan los gobiernos “generosos” llegan a ser adictivas en el sentido que refuerzan un comportamiento pasivo. Esto reduce la aptitud de la comunidad local para resolver los problemas más elementales.

El hecho objetivo es que cuando los gobiernos otorgan paquetes de asistencia alimentaria no está resolviendo el problema de la pobreza más bien está perpetuando la pobreza de esa gente. Por ejemplo, en la década de los 80 la solución económica más fácil era condonar deudas e indexar salarios, lo que condujo a una espiral de precios salarios que desató una hiperinflación de magnitudes gigantescas cuyos efectos fueron devastadores.

Lo más interesante de este asunto es que los gobiernos populistas saben que el asistencialismo gubernamental no resuelve el problema de hambre y por lo tanto no resuelve el problema de la pobreza. Por el contrario, perpetua la situación de pobreza, pero a estos gobiernos les conviene que exista una gran masa de indigentes “eternos” que “piensen con el estómago”, porque de esa manera conservan un “ejército de personas que formarán parte de su clientela política a quienes no les reconocen derechos, los tratan como “basura” y les exigen obediencia a cambio de la “generosidad de los que ostentan el poder”.

Es justo señalar que el asistencialismo es un imperativo en regiones del mundo donde las condiciones de exclusión y pobreza han tocado fondo, y evidentemente en Nicaragua la pobreza extrema y el desempleo han lanzado a la penuria a millones de nicaragüenses y por tanto son necesarios los paliativos de corto plazo, ¿pero, estarán los gestores de estas políticas con la buena voluntad de provocar cambios fundamentales en la vida de la gente pobre? ¡O simplemente el populismo es un proyecto de largo plazo que intenta perpetuar la pobreza e instrumentalizar el estómago de las masas populares con el ánimo de garantizar de la manera más “brutal” una clientela política moribunda y diezmada por el hambre y las enfermedades¡
Con responsabilidad debemos expresar que el problema de la pobreza se resuelve incentivando una cultura de calidad, con proyectos de educación de calidad donde desde el pre kinder se enseñe a los niños cultura de estudio, respeto al trabajo como fuente de toda riqueza y un espíritu de emprendimiento que los conduzca al éxito individual y colectivo, jóvenes con un nivel de conciencia social superior, forjadores de una nueva clase política que por su calidad y compromiso trascienda a la clase política actual caracterizada por una actitud gansteril, oprobiosa, enferma y de mentalidad primitiva y estrafalaria.

*Economista -investigador
Upoli