Adolfo Miranda Sáenz
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Un diario nacional publicó recientemente un reportaje en el que -entre otras cosas- se expresa de manera ofensiva contra los obispos católicos por no declararse opositores y no criticar al Gobierno en la forma y con la frecuencia que ellos quisieran. Exceptúan a algunos obispos que han expresado opiniones críticas a título personal; pero, valiéndose de uno de sus frecuentes analistas entrevistado “ad hoc”, calumnian al Cardenal Brenes, a Monseñor Vivas, a Monseñor Sándigo, a Monseñor Schmitd y a Monseñor Zywiec, acusándolos de que “el Gobierno los ha logrado coaptar con regalías, con exoneraciones y dándoles respuestas sobre algunas recomendaciones personales.” Semejante infamia ofende a la mayoría de los nicaragüenses católicos y no merece respuesta alguna porque de la integridad de nuestros obispos, tan queridos y respetados por sus fieles, no existen dudas en la inmensa mayoría de los nicaragüenses. Pero quisiera comentar sobre ese afán de que los obispos tomen partido en nuestras contiendas partidistas y 
se pronuncien constantemente sobre la política cotidiana, porque algunos quizá desconocen que el actuar político en la Iglesia Católica corresponde más a los laicos que a los obispos y pudieran sentirse confundidos con esa injuriosa publicación. 

Recordemos que la Iglesia está formada por todos sus miembros, no solo por el clero que es menos del 0.01%; los laicos somos más del 99.99%. En nuestra Iglesia todos tenemos diferentes funciones, pero todas son importantes. El Papa y los obispos -auxiliados por los sacerdotes- ejercen el Magisterio, pero los laicos tenemos nuestras propias responsabilidades, entre las cuales está la Actividad Política. El Magisterio de la Iglesia encomendado al Papa y a los obispos es necesario para que haya una autoridad que sea un referente, una guía, un vínculo que garantice la unidad para conservar, practicar y profesar la fe (Catecismo No. 84), sin olvidar lo que la Constitución Dogmática “Lumen Gentium” dice: “A los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales. Viven en el siglo, es decir, en todas y cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social.” “A ellos, muy en especial, correspond
e iluminar y organizar todos los asuntos temporales”. El Catecismo en el No. 1915 llama a los laicos a participar en la vida pública. San Juan Pablo II expresó en su exhortación apostólica “Christifideles Laici”: “Para animar cristianamente el orden temporal -en el sentido de servir a la persona y a la sociedad- los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política”.

La Iglesia Católica participa diariamente en los asuntos políticos mediante sus laicos: analistas, comentaristas, miembros de diversos partidos, funcionarios, legisladores, jueces, empresarios, profesionales, técnicos, empleados, militares, policías… Laicos católicos participando tanto en el Gobierno como en la oposición. No necesitan los obispos pronunciarse constantemente sobre la política.

Ellos ejercen el magisterio, nos catequizan, y en situaciones especiales dan orientaciones generales para iluminar nuestra conciencia, para que cada fiel decida -según su conciencia- las acciones políticas concretas.

El magisterio de la Iglesia no tiene partido. Claro que, en situaciones extremas, ante una tiranía cruel y sangrienta, ante una violación flagrante y masiva de los derechos humanos, la Iglesia hablará por medio del Papa o los obispos para pedir que se rectifique, mediar o denunciar; como sucede en Venezuela y sucedió en Nicaragua en la etapa final del régimen somocista y durante el régimen sandinista de los 
años 80.

Pero, aunque a muchos no nos gustan varias actuaciones del actual Gobierno que consideramos autoritario y demandamos respetar la institucionalidad y elecciones libres, no sería cierto afirmar que hoy tengamos una situación igual a la dictadura de Venezuela o similar a las dictaduras de Nicaragua en los 70 con Somoza y en los 80 con los sandinistas. Tanto para defender al Gobierno como para criticarlo, señalar lo bueno y lo malo de unos y otros, proponer diferentes opciones políticas y debatir sobre la situación nacional, hay millares de laicos católicos; miles son sandinistas y miles somos liberales y de otras ideologías. Nuestros obispos nos respetan y quieren a todos, porque aquí ya se derramó demasiada sangre; y lograr la paz, la reconciliación de las familias, de la sociedad, y aun dentro de la misma Iglesia, ¡Costó mucho! Nuestros obispos no van a contribuir a una nueva radicalización que divida a sus fieles y al país. No se expresarán innecesariamente para complacer a quienes solo esperan “llevar agua a su molino”, ni andan afanados tras las cámaras y reflectores. 

* Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com