•  |
  •  |
  • END

La moralizante esperanzadora victoria electoral --ajustada pero incuestionable-- del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), ofrece notables y profundos contrastes significativos con la derechizada y conservadora cúpula que dirige al estancado, confundido y en retroceso Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), ahora en manos de un grupo oligárquico en plena faena de acumulación intensiva de capital para beneficio familiar y personal, paradójicamente, en nombre de los más pobres de Nicaragua.

Un primer contraste lo tuvimos con el proceso electoral salvadoreño, tan pulcro que pese a lo estrechamente ajustado de la votación, todos aceptaron los resultados y el tribunal electoral se bañó de gloria, mientras en Nicaragua los magistrados electorales se cubrieron de inmundicia. Éstos no sólo han sido ineficientes, despilfarradores en el manejo de los bienes públicos –basta señalar los múltiples problemas y mala calidad de la cedulación, del padrón electoral y de la organización de los comicios--, sino también deshonestos y corruptos al cometer uno de los robos electorales más burdos y descarados de la historia nacional. Algunos de ellos hasta lo confiesan en público sin ningún rubor.

Dado el autoritarismo enfermizo de la cúpula dirigente del FSLN, ambiciones desmedidas por el poder y su estancamiento en los cánones ideológicos anteriores a la implosión del llamado socialismo, en ninguno de los comicios anteriores este partido pudo concebir un proyecto nacional, inclusivo, que le permitiera desarrollar una estrategia con un candidato presidencial de fuera de la organización, como hizo el FMLN con Mauricio Funes. Los nuevos oligarcas camuflados de populismo más bien le cortaron la cabeza a Víctor Hugo Tinoco, Vilma Núñez, Alejandro Martínez Cuenca y Herty Lewites, para asegurar a sangre y fuego la candidatura de Daniel Ortega, quien finalmente ganó unas elecciones, gracias a los inmejorables servicios de su socio, el granuja de marca mayor, Arnoldo Alemán.

Otros contrastes que dejan muy mal parado al FSLN están sujetos a la prueba de la práctica, que es el único criterio confiable de la verdad, pues hasta ahora sólo tenemos el discurso. Con el perdón de las compañeras y compañeros que genuinamente creen en el grupito que controla al Frente, sería imposible que el Presidente Daniel Ortega pudiera pronunciar un discurso como el de Mauricio Funes al proclamar su victoria. El Presidente electo de El Salvador habló de “gobernabilidad democrática”. --¿Qué es esa mierda? --diría el Comandante Daniel Ortega--, no me vengan con ese habladito del imperio yanqui y de los colonialistas europeos--. No se le puede pedir peras al olmo, porque Ortega no se comporta con un Mandatario, sino como un pandillero belicoso que en cada discurso irremediablemente debe confrontar, denigrar y descalificar.

Funes habló de respeto a la libertad de expresión y a los criterios y opiniones diferentes, mientras Ortega pareciera un niño malcriado con ansias irreprimibles e insaciables de atacar y ofender a las voces discordantes. Decretó su política de ingreso al país sin visa previa y fue criticado, entonces él la arremetió contra los medios. “Lamebotas del imperio”, les dijo. Hombre, qué necesidad tiene de hacer eso. Que deje en paz al periodismo nacional, que éste haga lo que considere pertinente, que aún fallando en sus reportes, esto es mil veces mejor a que no existieran. Su gobierno debería de estar agradecido de que hay medios de comunicación vigilantes de su proceder. ¡Ah, no!, pero su epidermis es tan ultrasensible, como corresponde a una personalidad autoritaria.

Funes dijo que la victoria electoral no le permite al FMLN arrogarse la representación de toda la sociedad, y por tanto, gobernará desde una visión de nación. Aquí el FSLN quiere imponer su proyecto a toda costa, incluso reprimiendo a manifestantes en las calles con grupos paramilitares armados de lanzamorteros, garrotes de madera, tubos metálicos, machetes, cuchillos y piedras, y sus falsas consignas de amor contra el odio.

En Nicaragua, quien no piense como la cúpula del Frente, es “derecha”, “oligarca”, “agente del imperio”. No aceptan que otros piensen diferente, no conciben que hay otra realidad fuera de la suya, no conceden espacio a otras opiniones, consideran que quien no está con el gobierno, está contra él, y por tanto es un “enemigo” y debe ser tratado como tal, incluso con licencia para utilizar en su contra toda la maquinaria del Estado.

El vicepresidente electo Salvador Sánchez, uno de los pocos sobrevivientes de la dirección guerrillera del FMLN, ha ratificado el discurso del Presidente Funes, y ha ido más allá incluso, mencionando un aspecto que seguramente habrá hecho enrojecer de ira a los todopoderosos y omnipotentes del FSLN. Sánchez dijo que no hay que confundir el partido con el Estado y el gobierno.

Aquí el Comandante Daniel Ortega más bien ha tratado de concentrarlo todo alrededor, no del FSLN, sino de una pequeña cúpula de afilados garfios de acero. Lo peor es que tiene en sus manos todos los poderes del Estado, incluyendo la Asamblea Nacional. Ha fusionado los intereses de la cúpula familiar con el gobierno y el Estado y como si no le bastara ejercer este extremista desaguisado, hasta elaboró una poderosa pero desnaturalizadora y atrofiante representación simbólica, al llevarse las oficinas presidenciales a la sede del partido, que también es su casa de habitación. ¡Surrealismo puro!
Es posible que el FMLN haya avanzado ideológicamente, mientras el FSLN no sólo se estancó sino que ha retrocedido, pues en algunos aspectos se comporta como un conservador partido derechista al criminalizar el aborto terapéutico, al elevar el catolicismo a religión cuasi oficial, al tratar de darle un sentido mágico-religioso a la gestión gubernamental, y al pretender eternizarse en el poder –al menos hasta que el Presidente Daniel Ortega cumpla 97 años-- como si fuera una familia monárquica.

Y con todo el poder económico y político que continúa acumulando, la familia Ortega Murillo podría enquistarse por varias décadas en el poder, al menos treinta años, le calculo optimistamente. En su mayoría, los llamados opositores son peores que los gobernantes, y su falta de ideología, de valores, de carácter y de firmeza, los convierte en presas vulnerables y fáciles ante el halago, el soborno y el chantaje, métodos reprobables que son parte de la política oficial.

Celebremos pues los primeros hechos y los primeros discursos del FMLN, mientras rumiamos nuestra propia tragedia. Sólo la juventud nicaragüense, hasta ahora aletargada e indiferente, salvo pocas excepciones, podrá forzar el cambio. Mientras, la nueva oligarquía seguirá su nefasta marcha destructora.

*Editor de la Revista Medios y Mensajes
gocd56@hotmail.com