Gustavo-Adolfo Vargas*
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El giro regresivo de la situación en Yemen es parte del viraje histórico y mundial hacia la derecha de las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX, externado en la crisis y desplome de la Unión Soviética.

Yemen está ubicado en la arista suroeste de la península arábiga, es el país más pobre, pero tiene especial relevancia por la disputa hegemónica entre dos grandes potencias regionales de Medio Oriente islámico: Irán y Arabia Saudita, quien en 1990 se opuso a la reunificación de Yemen, para dividirlo en dos y así facilitar su control convergiendo con Estados Unidos con su proyecto de Nuevo Oriente Próximo, queriendo fragmentar los países claves de importancia estratégica.

Según un cable de WikiLeaks, Stephen A. Seche (embajador de Estados Unidos en Saná en 2008) confesó: “Las provincias de Shabwa, Marib y al-Jawf tienen un alto potencial de yacimientos de gas”.

En el 2011 estalló la Primavera Árabe, cuando una coalición dirigida por Arabia Saudita, atacó por aire a un grupo armado de hutíes en Yemen, lo que dio inicio al combate que enfrenta a los hutíes leales al expresidente Alí Abdala Saleh, y a las fuerzas que apoyan al Gobierno de Abdo Rabu Mansur Hadi.

A consecuencia de ello la situación empeoró a partir de marzo de 2015. Controlan el espacio aéreo al cerrar el aeropuerto de Saná (la capital), bloqueando el espacio aéreo, marítimo y terrestre. La mayoría de la población civil ubicada en el centro del conflicto, padece de hambre extrema, está en la miseria víctima de la crisis humanitaria y abusos contra los derechos humanos.

Según el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS),  la propagación del “cólera” en Saná, Hajjah y Arman es alarmante. La población no tiene acceso a agua potable limpia, las condiciones higiénicas son paupérrimas, padecen de hambre y no tienen fuerzas para luchar contra tanto padecimiento.

Reuters informa, que según la OMS, otras enfermedades están arremetiendo. Este año han muerto más de 2.000 personas, están afectadas más de 500.000. Cada día se detectan más de 5.000 casos. Más del 96% de los adultos pueden sobrevivir si son tratados a tiempo; los niños y ancianos son los más vulnerables.

El país ha sido destruido en medio de la llamada “guerra olvidada de Yemen”. Según fuentes oficiales y sanitarias yemeníes, gran cantidad de personas han muerto al norte de Saná.

La agencia Saba, bajo control Huthi, informó de más de 70 víctimas, entre muertos y heridos. La cadena de televisión Al Masira, habla de “41 mártires y decenas de heridos”. Los rebeldes a quienes Arabia Saudita tacha de estar a las órdenes de Irán, acusaron a la aviación saudita. Yemen ha sido desarticulado por la mala gobernanza de hace décadas y la guerra civil provocada por la intervención militar saudita.

Desde marzo de 2015, cuando dio inicio al conflicto, hasta julio del presente año (2017), la Organización Mundial de la Salud (OMS), documentó más de 8 mil muertos y más de 47 mil heridos de los que aproximadamente la mitad son civiles. La guerra ha destruido la precaria economía de un país dependiente de la ayuda humanitaria, especialmente las provincias bajo control rebelde donde se concentra casi el 80% de la población.

Stephen O’Brien (secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios) denunció que: “En 2017, el número de ataques aéreos mensuales está siendo tres veces mayor que el año pasado y los enfrentamientos armados registrados cada mes se han más que doblado”.

Ya suman tres años de guerra en Yemen, los que han transcurrido en absoluta desesperanza. El puerto de Hodeida es la única salida al exterior y la puerta de entrada del 70% de la ayuda humanitaria.

Tanta saña observada en Yemen, es por la agresión militar de la Coalición liderada por Arabia Saudita y otros diez países árabes (controlada por Estados Unidos e Israel), que han masacrado y mutilado a miles de yemeníes. Bombardearon y destruyeron los campos de refugiados, incluyendo gran parte de las instalaciones de agua y luz, centros de salud, carreteras, escuelas, fábricas, mercados, puentes y puertos.   

Impiden la llegada de alimentos y medicamentos por medio del bloqueo naval a los barcos con destino a Yemen, condenando a una lenta agonía  21 millones de personas.

A pesar de esa situación crítica, ni la mediación de la ONU ni los esfuerzos de la Unión Europea han conseguido un cese de las hostilidades.

* Diplomático, jurista y politólogo.